Opinión

Policy of truth

‘A worker in the modern world’.

‘A worker in the modern world’.

1922. Hace, justo ahora, cien años la inflación galopante era el centro de la política en Alemania. Tras la reparación de la Primera Guerra Mundial, primer episodio de la hoy llamada Guerra Civil Europea 1914 - 1945, y tras las medidas fallidas de la Reichsbank, la velocidad del asunto se iría disparando vertiginosamente. El dolar se cotizaría a 1000 marcos mientras los centros bursátiles internacionales vivirían la alarma a cada depreciación de la moneda alemana. Alemania llegaría a ser paraíso de turistas. Los almacenes se veían invadidos por coches de matrículas extranjeras. Las mujeres alemanas se irían deshaciendo de sus joyas. Adolf Hitler iba recortando su ridículo bigotillo de futuro psicópata mundial, hoy admirado por no pocos psicópatas con responsabilidades gubernamentales de botoncillo fácil.

Se había asesinado al ministro de Asuntos Exteriores, Walter Rathenau, acusado de «traición» a favor de «los países occidentales». Blanco previsible para los paramilitares, era judío. La mala política agraria del gobierno soviético junto a cosechas catastróficas muy seguidas hacían que Lenin efectuase un llamamiento urgente al «proletariado» de los países industrializados. Los principales organizadores del «Socorro rojo» serían la pintora Kate Kollovitz, los autores G.B. Shaw y A.France y el científico A. Einstein. Hitler iba, cada vez más, afianzando su poder, atando cabos y Mussolini ya era «Duce» un año antes de la misma marcha sobre Roma: 28 de octubre de 1922. De profesión maestro, antes de la guerra de 1914 era un radical socialista italiano. Su programa «anticapitalista» comenzaba a competir con el comunismo. Blasco Ibáñez estrenaba en Barcelona Los cuatro jinetes del Apocalipsis, película basada en su obra. Austria iba recibiendo créditos por su situación económica, a cambio los hombres de negro sometían la política, en ese país, a la sociedad de naciones. El joven poeta Bertold Bretch, de 24 años, estrenaba, también, Tambores en la noche. Su primera obra teatral, bajo la dirección de Otto Falckenberg recreando el levantamiento espartaquista con Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo a la cabeza del trágico desenlace. A final de año se necesitarían 4.450 marcos para comprar un dólar. En las elecciones británicas los conservadores se mantenían mientras los liberales perdían setenta escaños a favor de los laboralistas. Tropas francesas entraban en la cuenca del Ruhr a por los pagos pendientes de las reparaciones de guerra teutonas. En Munich Adolf Hitler ya reunía unas 50.000 personas mientras gritaba como un descosido. Moría Marcel Proust. Hijo de una familia rica que recolocó al «hombre» recuperando su posición central en el universo. Wow! La primera Guerra Mundial había favorecido la expansión de su mente recluyéndolo en casa para llenar frenéticamente los originales de En busca del tiempo perdido.

‘A worker in the modern world’.

‘A worker in the modern world’. / Àlex Volney

Mientras Mussolini se iba fortaleciendo, la economía alemana iría llegando a la quiebra total. En un año las repúblicas socialistas y soviéticas deberían acatar la nueva Constitución. Un documento que en teoría venía a decir que cuando quisieran abandonarían la federación a cambio de no tener ninguna competencia en materia territorial, que de eso ya se encargaría el órgano supremo del estado y a su cabeza el presidente del Congreso de los Soviets: Vladimir Ilich Lenin. La ocupación del Ruhr iría incrementando la profunda crisis, la industria despojada de provisiones de carbón tuvo que comprar combustible en el extranjero. El dolar ya llegaba a los 74.500 marcos, las mujeres esperaban en las puertas de las fábricas para tocar dinero e ir a comprar comida. No tardaría Alfonso XIII en reforzar la dictadura de Primo de Rivera ante el «irracional separatismo». El Directorio tenía en la cartera: Tanger, Marruecos y lo «más difícil», Catalunya. El suministro de alimentos sería el vértice de las protestas en la Unión Soviética donde se controlaban las funciones de producción en detrimento de la agricultura y se potenciaba el nuevo plan industrial. Un auténtico fiasco que influenciaría a Mao nefastamente. La imbecilidad política se ha ido propagando en cien años con la misma constancia que el reguetón el último decenio. En esta nueva revolución de ir por casa incluso el perreo simula una liberación.

Afortunadamente, Charles Chaplin también consolidaba su ascenso, imparable. Su origen gitano lo mantendría, siempre, en el punto de mira. Su arte, probablemente, pasaría a ser un bien de consumo universal y un vector de la globalización más positiva ante el creciente y preocupante panorama que se avecinaba. Su burla del taylorismo desconcierta hoy ante la nueva apisonadora de la fabulosa y miraculosa digitalización que nos va a liberar a todas y a todos de tanta angustia, por supuesto. Apretar botones va a ser la tendencia que nos va a enamorar y enloquecer por mucho tiempo. Para qué quejarse, hoy el mundo es mucho mejor. Fukuyama o se precipitó o no lo entendimos bien. Claro que sí, se ha avanzado una barbaridad, ya nos advirtieron esas lumbreras que asistiríamos a algo parecido a «El fin de la Historia»…pero sin Charlot.

Lo del título no corresponde solo a una preciosa canción de DM. 2022, el eterno retorno a la Rueda de las armas afiladas. No se descuiden, al mínimo despiste pierde la vida el artista.

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