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Daniel Capó

LAS CUENTAS

Daniel Capó

El regreso de Enric Mas

Tras una campaña de acoso sin precedentes, el ciclista mallorquín se ha reivindicado como un gran campeón

El regreso de Enric Mas Daniel Capó

En el reciente homenaje que Enric Mas recibió en Artà, el ciclista mallorquín prometió esfuerzo y victorias tras un año que, hasta la Vuelta a España, había sido nefasto para él; no por falta de piernas –brilló en la Itzulia, en el Dauphiné y en Lieja–, sino por la mala fortuna. 2022 debía ser el año de la consagración de Mas como el mejor ciclista español de la actualidad, pero los accidentes en carrera, las enfermedades y las urgencias de su equipo –el mítico Movistar Team de Eusebio Unzué, necesitado de puntos UCI para evitar el descenso de categoría– le pesaban en el ánimo y seguramente también en las piernas. Había algo psicológico –y también profundamente injusto– en la negra sombra que perseguía a nuestro campeón. Por circunstancias más políticas que deportivas –y más propias de nuestra época que del ciclismo clásico–, en estos últimos años Movistar ha sufrido una auténtica shit storm (o «tormenta de mierda» en la jerga de las redes sociales), un acoso por parte de los haters con escasos precedentes. Y Mas personificaba todos los males que aquejaban al equipo navarro: es español y no latinoamericano (una crisis alimentada por la polémica del año pasado con ‘Supermán’ López); parecía excesivamente conservador y no atacante, falto de punch y de victorias. La pésima clasificación de Movistar –al borde del descenso durante estos dos últimos años– no ayudaba a calmar las iras de unos aficionados acostumbrados a ganar carreras o, al menos, a ser relevantes en las competiciones. Sin Contador ni ‘Purito’ Rodríguez, y con un Valverde ya en retirada, Mas era el heredero; pero se trataba de un heredero sin carisma, en un equipo que parecía practicar alguna variante del catenaccio futbolístico, en lugar del estilo agresivo y moderno de las nuevas generaciones (de Pogacar a Van Aert, de Evenepoel a Van der Poel).

Enric Mas ha sufrido en las redes sociales la persecución más atroz que recuerde en el ciclismo. Y la más injusta también. Porque, aunque no ganase, sus resultados eran extraordinariamente consistentes: podios en la Vuelta a España, quintas o sextas plazas en el Tour de Francia. Y si no ganó alguna otra carrera más es, en parte, porque el infortunio le ha perseguido con especial saña. Al igual que Roglič, por hablar de otro gran campeón. El punto culminante de la campaña de los haters fue el derrumbe psíquico que sufrió en el Tour y los insultos –«¡eres un paquete!»– que recibió de un aficionado en las primeras etapas de la Vuelta. En cierto modo, allí –en esos dos escenarios–, Mas tocó fondo e inició una reacción espectacular -fue segundo en la carrera española- que quedó sellada el pasado fin de semana con un memorable triunfo en el Giro dell’Emilia, una de las clásicas otoñales más hermosas de Italia, gracias a un demarraje que hizo doblar la rodilla Tadej Pogacar, el imbatible campeón esloveno.

Que Movistar haya salvado la categoría y que Enric Mas regrese con este ímpetu nos hace soñar con un resurgimiento del ciclismo español. Carlos Rodríguez y Juan Ayuso son los nombres que le acompañarán en el futuro; pero, por madurez, capacidad física e inteligencia, Enric está llamado a dominar el panorama ciclista nacional en estos próximos años. Y su nueva actitud –humilde, desacomplejada y optimista– nos invita a pensar que tenemos por delante muchas jornadas de gloria.

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