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Juan José Millas

Tierra de nadie

Juan José Millás

Evangelización grotesca

Sin interesarme el fútbol o el circo, sé quiénes son Messi y Tamara Falcó, respectivamente. No sigo el fútbol, pero el fútbol me sigue a mí. Tampoco me interesa el circo, pero el circo está interesado en mí. Tamara Falcó exhibe su religiosidad como una aberración circense semejante a la de mujer barbuda, los hermanos siameses, el hombre elefante o el enano gigante. Pasen y vean mi religiosidad. Y en efecto su fe sobrevenida, mezclada con su pijerío estructural, estremece al público. Una vez que posas su vista sobre ella, sobre su fe, ya no puedes dejar de mirarla. Hemos conocido muchas clases de creyentes, pero esta es nueva al mostrarse como una deformidad incompatible con la teología clásica, aunque productora de numerosos dividendos. Un valor añadido, que diría el experto en valores bursátiles.

De modo que cuando la señora marquesa canta, baila o suspira, no atendemos a sus chipirones fritos, ni al movimiento de sus brazos, ni a sus gemidos. Nuestros ojos se van hacia su fe inquebrantable en Dios como en el caso del forzudo de circo se van hacia sus bíceps. Esto tiene gracia porque lo que nos interesa de las beatas y los beatos famosos, incluidos el Papa y los obispos, es su ateísmo. Me lo dijo el otro día un cura de barrio, que deja dormir en los bancos de su parroquia a los indigentes: cuanto más se asciende en la jerarquía eclesiástica, menos se cree en Dios. Significa que cuando nos fijamos en el comportamiento generalmente anticristiano de la Conferencia Episcopal (dueña, entre otros negocios, de una emisora de radio de ultraderecha), lo que nos llama la atención es lo alejada que está de las enseñanzas de Jesús.

En Tamara, en cambio, observamos la sinceridad pija con la que abraza su fe. El asunto no da para más, pero hemos de reconocer que entretiene y desvía por un momento nuestra atención de la subida de los alimentos y de los alquileres y de las colas del hambre y de la precariedad laboral, etc. Cumple una función social, en fin, para que luego digan que la nobleza no sirve para nada. Tamara Falcó evangeliza todo el rato, de un modo grotesco si ustedes quieren, pero evangeliza. Hasta yo me he enterado de quién era y de que cree en Dios. Llega a todos los rincones.

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