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Miguel Vicents

El socio infiel

Las últimas crisis en los gobiernos del Consell, con el contrato de patrocinio del Real Mallorca, y en el ayuntamiento de Palma, con la organización de los actos del Orgullo Gay, empezaron con un desmarque público de Més, coalición que prefirió expresar en voz alta sus legítimos desacuerdos con los gobiernos insular y municipal de los que forma parte antes que intentar resolver internamente las desavenencias, evitando de paso el desgaste político y el bochorno público por la prolongación en el tiempo de estas crisis. En el primer caso, la formación ecosoberanista incluso amagó con abandonar el Pacto de Gobierno en la institución insular tras una consulta exprés que finalmente dejó en nada el órdago.

El pasado martes una manifestación contra la masificación turística rodeó el Consolat de Mar. Destacados miembros de Més participaron en el acto celebrado ante la sede del Govern del que forma parte desde hace más de siete años, incluso con responsabilidades en la conselleria de Turismo durante la pasada legislatura. Todo el mundo que vive en Balears ha sufrido este verano la masificación en sus propias carnes y las incomodidades que produce, una de las debilidades más acusadas de un modelo turístico que cada año pasa una factura más elevada al medio ambiente y al bienestar de los ciudadanos. Pero quizá no sea demasiado coherente que un partido de Gobierno participe en las protestas, aunque solo sea por responsabilidad política. Las desavenencias públicas del Pacto borran sus logros de gestión, comunican a la ciudadanía de forma muy nítida que quienes nos gobiernan no se entienden ni entre ellos, ahorran el trabajo a la oposición y, sobre todo, evitan que se desgaste, que cometa errores, brindándole la posibilidad de llegar a las elecciones como alternativa real sin mácula.

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