50%DTO ANUAL BLACK FRIDAY Diario de Mallorca

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Emma Riverola

Obispo emérito de Alcalá de Henares

Emma Riverola

Limón & vinagre | Juan Antonio Reig Pla: El sermón de la bilis

Juan Antonio Reig Pla, durante una misa en el santuario del Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles (Getafe), en 2019. Ricardo Rubio / Europa Press

María Zambrano, gran figura del pensamiento español del siglo XX, recurría a menudo a la metáfora de las entrañas: el dulce lamento de Orfeo que emerge de las entrañas del averno, el lugar donde nace el superhombre de Nietzsche, el símbolo de lo originario, del sentir irreductible. También del mundo infernal y secreto. «¡Cuántos discursos que han arrastrado a las masas se hubieran deslizado sin causar el menor efecto de no haber sido pronunciados con un ritmo elemental, invocador del oscuro fondo dormido!». Discursos, arengas, mítines, proclamas y, sí, también sermones. Palabras emanadas de la oscuridad visceral que rasgan la calma y la esperanza. También la dignidad del ser, la identidad más íntima.

El Papa ha aceptado con insólita celeridad la renuncia de Juan Antonio Reig Pla como obispo de Alcalá de Henares. La dimisión era un puro trámite. Es preceptivo que, al cumplir 75 años, los obispos presenten la renuncia al cargo y gocen de una etapa de continuidad de entre dos y cinco años. Esta vez, le faltó tiempo a Francisco para aceptarla con efecto inmediato. Y aquí paz y después gloria... O lo que dios disponga.

Con la defenestración de Reig, la cúpula eclesial española pierde una de sus voces más retrógradas. Azote de homosexuales y, por supuesto, de feministas. El prelado de las misas ultras, con aguilucho incluido. El hombre que, gracias a la TVE que pagamos todos, retransmitió su misa el Viernes Santo de 2012: «Esas personas que hoy, llevadas por tantas ideologías, acaban por no orientar bien su sexualidad, que piensan ya desde niños que sienten atracción sexual por el mismo sexo, y a veces, para comprobarlo, se corrompen y se prostituyen, y van a clubs de hombres nocturnos. Os aseguro que encuentran el infierno».

Desde que fue nombrado obispo de Segorbe-Castellón, después de Cartagena y, desde 2009, de Alcalá de Henares, ha esparcido sus invectivas siempre centradas en el ámbito de la familia y la enseñanza religiosa. Ha visto a España como una «sociedad enferma» ante las «lacras» del divorcio, el aborto y la reciente aprobación de la eutanasia. Ha afirmado que los matrimonios religiosos son menos dados a la violencia machista, que los hijos de divorciados son como «muñecos de trapo», sin «columna vertebral» que los sostenga y que la despenalización del aborto ha sido la «mayor catástrofe humana en la historia de España» (es lo que tiene ver la guerra desde el lado de los vencedores)… Y así, sin despeinarse, con la cadencia del inmisericorde, ha ido lanzando las mayores salvajadas.

Es tanta la caricatura del personaje que invitaría a la burla. Si no fuera porque lo dicho en el púlpito nunca se queda en el umbral de las iglesias. No en una sociedad donde el peso del catolicismo aún impregna la vida social, no en un momento político en que la ultraderecha se rearma. Para ellos, las palabras de Reig que advierten de los «bárbaros que, embriagados de poder, no saben sostener la casa común, el hogar familiar que ha significado y significa España» son maná para sus propósitos.

En 2019, una investigación de eldiario.es desveló que, en Alcalá de Henares, la diócesis de Reig, se practicaban las llamadas terapias de reconversión. Cursos ilegales y clandestinos que pretendían «curar» la homosexualidad. La orientación sexual tratada como una enfermedad que debe ser superada. Una forma de discriminación cruel, inhumana y degradante que puede llegar a considerarse una práctica de tortura.

La filosofía de Zambrano trataba de abrir una luz en las zonas más oscuras del ser humano. «Pensar es arrancar algo de las entrañas». Aplicar la razón al sentir más profundo. Una «tarea amorosa», la llamaba. Buscaba «la palabra perdida, la palabra única, secreto del amor divino-humano».

Amor… ¿De dónde han bebido los sermones de Reig durante estas décadas? Palabras y palabras capaces de causar la infelicidad a millones de personas. Alocuciones que alimentan la homofobia y el machismo. Toneladas de oscuridad vertidas sobre las más humanas expresiones de amor. Odio y más odio emanado de la bilis de sus entrañas. «Las personas homosexuales tienen derecho a tener una familia -afirmó el papa Francisco en 2020-. Nadie debería ser marginado o infeliz por esto». Siglos de moral castradora se derrumbaban con la bendición papal. ¿Cómo debió sentirse Reig al saber de esta afirmación? Quizá, en ese mismo momento, empezó a sentir el infierno de sus entrañas.

Juan Antonio Reig Pla, durante una misa en el santuario del Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles (Getafe), en 2019.

Compartir el artículo

stats