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Pensamientos

Aquí no cabemos todos

Ilustración: Aquí no cabemos todos DM

Negar que en Balears esta primavera- verano ha habido saturación turística es como mantener que en los últimos meses no hemos pasado calor. Por eso resulta divertido el eufemismo «sensación de saturación» para describir un fenómeno que no es nuevo y que nos está pasando una seria factura.

Lógicamente la saturación la sentimos, la notamos, pero no es solo una emoción: es una cruda realidad. Siguiendo la metáfora, podríamos equipararla a la sensación térmica, un valor normalmente más elevado que la temperatura real, sea esta baja o alta. En resumen: estamos hasta la bandera de visitantes, coches, motos, aviones, cruceros, autobuses, camiones, basuras, ruidos, colas, inflación, contaminación, escasez de agua, etc.

Iago Negueruela, conseller de Turismo y uno de los dirigentes socialistas más humildes y eficaces, ha reconocido que «en los meses de julio y agosto hay sensación de saturación». Ha admitido el diagnóstico, pero lo ha querido edulcorar con el azúcar de la «sensación».

Su compañero de Govern, el vicepresidente de Podemos Juan Pedro Yllanes, ha sido más sincero y ha soltado, en una entrevista a Diario de Mallorca, un rotundo «aquí no cabemos todos». Estas palabras en otra boca podrían ser interpretadas como una proclama xenófoba, clasista o «turismofóbica», si es que existe dicha palabra.

Nada más lejos de la realidad, Yllanes, veterano jurista reconvertido en político y en experto medioambiental (sorpresas te da la vida), impacta en la diana, aunque no queramos verlo.

Frente a la avalancha, y tal como alega el alcalde de Palma, el socialista José Hila, las islas han conseguido el pleno empleo. Hasta personas de negro presente y nulo futuro, como algunos sintecho y sin papeles de Eivissa, han obtenido alguna migaja.

Debemos así congratularnos de que esta temporada haya sido fructífera. Es bueno para la economía insular, máxime después de las penalidades de la pandemia.

Pero tanta abundancia tiene un precio, que los residentes estamos pagando y que a este paso nunca terminaremos de liquidar.

¿Cuándo se estropearon las islas? Es difícil de responder a esa pregunta, pero es notorio que el crecimiento de la oferta legal de camas hoteleras ha sido imparable. Las plazas en B hace tiempo que desaparecieron, para tristeza de algunos hoteleros.

En teoría ha existido un control de la capacidad, pero ha habido mucha flexibilidad a la hora de abrir nuevos establecimientos urbanos, tipo boutique, albergue, u otros camuflajes. También se ha favorecido la modernización de la planta a cambio de aumentos de plazas.

Un negocio que ha incrementado la saturación es el turismo de alquiler. Aquí sí que hay oferta ilegal y dinero negro a patadas. Para disfrutar de estas rentas es necesario disponer de varios inmuebles, o, si solo se es dueño de uno, mudarse por unos meses a otro techo.

Ya no son solo los hoteleros los que tienen acceso al maná. En la actual coyuntura es ingenuo conminar a empresarios y particulares a que renuncien a esos ingresos. La cosa no cambiará. El año que viene será peor.

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