Opinión | Desperfectos
La joven del hiyab
Durante décadas, las sucesivas tendencias del feminismo occidental no han hablado mucho de la anulación de los derechos de la mujer por el régimen islámico iraní
En febrero de 1979 un vuelo de Air France despegó de París con un personaje de barba profética, de 76 años, cejas enmarañadas, frente intolerante, turbante negro, túnica, gesto todopoderoso y severo. El ayatolá Jomeini se dirigía a Irán -la antigua Persia- a instaurar, con violencia política, un régimen teocrático que ha alterado el geoequilibrio en Oriente Próximo y más allá. Mientras la revolución islámica enviaba el sha Reza Pahlevi al exilio, los últimos días de Jomeini en París fueron alabados por intelectuales tan célebres como Foucault y Sartre.
Más de cuarenta años después, una joven iraní que llevaba puesto incorrectamente el velo hiyab -como tantas mujeres que no aceptan la imposición- ha sido detenida por la policía moral que tutela las costumbres, según la sharia. Siempre se especula sobre si en Teherán mandan los radicales -ganadores en las últimas elecciones- o los evolucionistas, pero con unos y otros el fundamentalismo sigue dictando la norma. La joven murió en un hospital después de recibir una paliza brutal -según la información más fiable- que la dejó en coma. Es uno de los miles de casos conocidos por ahora.
Durante décadas, las sucesivas tendencias del feminismo occidental no han hablado mucho de la anulación de los derechos de la mujer por el régimen islámico iraní. Por contraste con las reformas que propugnó el régimen despótico y policial del sha -prohibición del velo, por ejemplo-, el remedio fundamentalista ha sido mucho peor que la enfermedad. Caído el sha, la revolución islámica tuvo un Gobierno provisional al que Jomeini dijo que iba a dar «una patada en los dientes», pocos días después de haberse autoproclamado la gran garantía democrática. Ahora, debilitado por las sanciones internacionales que le han sido impuestas por sus intentos de tener armamento nuclear, Irán tiene una inflación del 52%, porque su petróleo no tiene mercado.
Con o sin inflación, el régimen iraní sigue al control de organizaciones terroristas como Hizbulá, que está destruyendo el Líbano, o Hamás -precedentes de las bombas-suicida- que perturba aún más el futuro de Palestina. En la guerra fría de Oriente Próximo, Arabia Saudí lidera el bloque sunita; Irán, el frente de Irán. Prosigue la interminable historia de horror y destrucción en un escenario que va de Beirut a Buenos Aires, de Afganistán al Cáucaso o el sudeste asiático.
La crónica del programa nuclear de Irán -amigo de Rusia- y la oposición de Washington es uno de los mayores embrollos bizantinos de la posguerra fría. A principios de este siglo, los inspectores de la Organización Internacional de Energía Atómica (IAEA) detectaron un programa secreto iraní que incumplía las estipulaciones de no proliferación. Hubo sanciones y condenas. El temor a que el régimen agresivo de Irán llegase a tener armas nucleares era general.
Luego, Obama firmó un trato con Irán, Trump lo anuló y ahora Biden parece dispuesto a darle continuidad, aunque Teherán no deja claro si renuncia a tener un arsenal nuclear, que dislocaría la seguridad de la zona y de Occidente. Es el legado de aquel ayatolá que Sartre vio como un libertador, a diferencia de las mujeres obligadas al hiyab.
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