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Diario de Mallorca

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Bernat Jofre

Homo Turisticus

Estos días estamos asistiendo en Balears a un espectáculo tan insólito como curioso, a la par que poco edificante: el que ofrecen las patronales turísticas, andando a la greña entre ellas. El motivo no es otro que la reivindicación ante la sociedad de quién es el más limpio, el que masifica menos. O, como mínimo, el sector que le pone mayor cantidad de Perlan a la colada de usuarios - léase turistas - correspondientes. Para poner un algo de humor a la pugna - y a la vez poco de negro sobre blanco - intentaremos dar algunas cifras. Miren, las 100.000 plazas de «homo vacacional» equivalen a 15.000- 18.000 coches de alquiler. Las 325.000 de «homo hoteliensis» no siguen ni de lejos esa media. Bien que lo sabe la patronal del «rent-a-car» isleño. ¿Motivo? Mientras para ir a una Casa Vacacional el transporte privado es un «must», muchos de los segundos no lo necesitan : del hotel a la playa, de la playa a la ducha, de la ducha a comer algo, de llenar la tripa a la discoteca. Últimamente, el «hoteliensis» realiza menos excursiones por la isla: de hecho cuesta ver autocares discrecionales por las carreteras secundarias isleñas, cuando antes eran legión. El «transfer» al aeropuerto, en bus de la receptora. Volviendo al «homo vacacional», reseñar que puede ser uno de los consumidores preferentes de vuelos privados que año tras año baten récords de tráfico aéreo en Son Sant Joan. Covid obliga, reclama una gran privacidad, alquilando las más exclusivas villas vacacionales en primera línea de mar o en Tramuntana. Más de cien mil euros por semana para él y su familia es un precio considerado «razonable» entre los de su especie. Por último, encontramos el «homo cruceriensis». El gran masificador, a la par que consumidor de recursos naturales del archipiélago. Llegan a miles en un sólo día. Para ser más gráfico: desde la zona de cruceros del Port pueden descender fácilmente 3.000 personas en horas. Traducido en impacto sobre el territorio, centenares de coches alquilados parcial (taxis ) o totalmente ( VTC y también taxis) en muy poco tiempo. Ello, contando con que no desembarque todo el pasaje: según CLIA - patronal del sector - se calcula que un 60% de los pasajeros no toca tierra firme en las diversas escalas del viaje. Quieren ir casi todos al mismo sitio (Casco Antiguo, Valldemossa, Formentor y algunos, Fundació Pilar i Joan Miró). La sensación de agobio viene cuando se comprueba que gracias a sus «apps» con prerreserva, el «homo cruceriensis» se ha convertido en el amo y señor de las mejores terrazas de Palma. Desplazando al «homo vacacional» al «hoteliensis» y, por supuesto, al «balearicus». Los taxistas se postran a los pies del «cruceriensis»: una excursión con ellos puede salvar el plazo de la hipoteca para pagar la licencia. Las empresas de VTC los adoran: en una Mercedes Benz Sprinter caben seis personas cómodamente. Lujo asequible - 400,00€-500,00€ para un servicio de cuatro horas con chófer multilingüe- para tres camarotes que se pongan de acuerdo. La tarifa se puede incrementar algo más si se piden los servicios de guardaespaldas o de compañía - del sexo que sea - para entretenerse. Por todo ello el «homo cruceriensis» es, probablemente, el gran depredador. Seguido relativamente de cerca por el «homo vacacional». Y ya a bastante distancia, del «homo hoteliensis»....si no tenemos en cuenta otra subespecie de visitante, que muchas veces es un «mix» de todas las anteriores: el «homo nauticus». Ese visitante que no concibe sus vacaciones sin una semana ( o el tiempo que considere ) a bordo de una embarcación. A motor si puede ser: así contamina más. Anclado encima de praderas de posidonia, lanza las botellas de vino espumoso, los restos de comida o el biquini de su acompañante al mar.

Aderezando dicha jungla, - o enfrente de - el «homo balearicus», cada vez más menguante en su territorio. Que consume territorio, obviamente. Contamina como el que más. De hecho, el «homo balearicus» es a su vez turista en otros lares. Pero tan solo se da cuenta de la polución ajena, no de la propia: «no és lo mateix, no fotem». Está en peligro de extinción: cuenta cada vez con menos recursos patrimoniales. Ha vendido desde el huerto familiar del que en tiempos de guerra sobrevivieron dos familias hasta su propia cultura y lengua. Pero está satisfecho: la temporada ha ido bien. Hay pleno empleo. Da igual si la inflación va a hacer mucho daño a los resultados de las hoteleras o si la muerte de la reina Isabel II puede ser un freno para la llegada de los británicos cara este otoño y, sobre todo, al año que viene.

Ya veremos si después viene un buen chaparrón económico. Entonces sí, el «homo balearicus» moverá el mentón de lado a lado, negando. Musitando una centenaria leyenda, aprendida de generación en generación: «tanmateix, no hi podríem haver fet res»....

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