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Alex Volney

Irrepetibles

Archivo Jeroni Salom

Jardín del Centre Cultural de la calle Concepció, el motivo, unos ciclos de literatura, más o menos 2003/2004, no recuerdo. Un lujo para sus destinatarios, alumnos de instituto. Lo coordinaron Jeroni Salom y el mismo Joan Manuel Pérez i Pinya (a la izquierda). Eran programaciones de mucha calidad y de contenido siempre interesante: Empar Moliner, Joan Margarit, Ferran Torrent, Imma Monsó, Feliu Formosa…

Este encuentro entre Joan M. Pérez y Vicenç Pagès i Jordà (a la derecha) ya es, desgraciadamente, histórico entre dos personajes que allí estuvieron y acabarían colaborando como en el caso de Els jugadors de Whist. Surge una amistad y un respeto mútuo poco habitual y lleno de coincidencias.

El poeta y profesor de lengua y literatura catalana, J. M. Pérez (Palma, 1963) había investigado y proyectado su saber en revistas y suplementos. Para el PEN català o en las páginas culturales del Balears. Por otro lado era un experto en la obra de G. Ferrater. En la hora que dedicaremos en la próxima Setmana del Llibre en Català era junto a Jordi Amat un espacio donde ya se le esperaba con expectación. Participó en diversos congresos internacionales y en la red publicó su canon ferrateriano. Fue miembro fundador de la revista de literatura Veus Baixes, papers de versos i lletres (http://www.veusbaixes.cat). El 2019 la editorial el Gall publicó su premiado Atletes de la fuga, Premi Ciutat de Palma. El tomo Illanvers, xv (Quaderns Xibau de Menorca, 2020) y el más reciente Fauna mutilada editado por LL.Muntaner este 2022, obra que el pasado Sant Jordi pudo firmar durante un par de horas y, antes de su repentina muerte, corroborar la envergadura del propio nivel, nutrido de una autoexigencia llevada hasta el límite en un hombre/poeta honesto y coherente, con una personalidad a la hora de versificar que requiere gran esfuerzo y trabajo para aquellos que han convenido la poesía como una parte más del circo actual. Valiente y crítico, sin pelos en la lengua y con el mazo de su versificación desbordante, un torrente de energía hasta el final. (Muy difícil de creer tú desaparición. Los sábados por la mañana, después de más de treinta años a tu servicio, todavía te esperamos). Parece que dejó obra inédita y vamos a tener que conformarnos con que un lunes aparezca su nuevo libro, pues su obra, bien viva, mantiene; en sus poemas, un fuego que nunca se apaga, de cuando el arte no acepta intermediarios. Me partía en su cara cuando me pedía opinión de un manuscrito suyo, poca gente dispone del nivel para su más exhaustiva lectura y servidor uno de tantos. Cuánta generosidad. Un mirlo blanco en la literatura catalana de Mallorca.

Por favor, miren a la cámara. Vicenç Pagès nació el mismo año(Figueres, 1963). Novelista y crítico literario. Como su amigo, una persona hecha a sí misma, sin un solo empujoncito de nadie y sin aceptar fronteras entre géneros literarios. Una carrera ascendente a pulso. Sin pausa, sin estridencias, pero impactante por su calidad y su «modernidad». Un conocedor del mundo clásico, de la tradición del país y a la vez un ecléctico combinando saber e innovación. Un virtuoso hijo de su tierra (L’Empordà) como los que no ha habido en Catalunya en mucho tiempo. Laureado, premiado pero nunca pendiente de los mismos. A Vicenç lo iban a buscar los editores. Salían a su encuentro conocedores de estar ante un autor único, irrepetible, sensación fácil de encontrar, pasó por la librería en sus visitas a la isla. Persona distante y de humor fino. Un escritor que desde el principio jugaba en otra liga y por méritos propios.

Incapaz, por espacio, de enumerar el total de su obra o proyectos realizados, su colaboración en forma de artículos, prólogos u otras piezas es la de un inagotable grafómano que racionaliza su devenir literario. El alcance de su universo es proporcional a la prudencia que su vasta cultura atemperaba en un contexto en el que la norma dicta otros derroteros. A parte de escritor era un personaje elegante a la vez que un crítico contundente. Entre otras obras destaca su novela El món d’Horaci, La música i nosaltres, De Robinson Crusoe a Peter Pan, Els olors de la literatura, Memòria vintage y el ya mencionado Els jugadors…. Pagès enlaza, y conoce como nadie, la tradición ampurdanesa (y el xaronisme barcelonés) con la última tendencia y la lleva a la práctica sin perder de vista el punto de partida. Deslumbra y arrasa en cada libro que publica. Autor de culto, sobre todo, como su compañero en la foto, por el ascenso de nivel que supone adentrarse en su lectura. Cien veces elegante y respetuoso, pero implacable en la crítica denunciando, el solito, en el momento adecuado (cuando casi todo el mundo callaba al respecto) uno de los fiascos más escandalosos de los últimos treinta años. Muchos de ustedes ya saben , perfectamente, a qué me estoy refiriendo. Tener una crítica favorable de este autor era de facto algo muy positivo para cualquiera que empezase. Su silencio, a la vez, una señal de que algo no cuajaba. Y por muy consagrada que estuviese la criatura, una crítica contundente suya ponía en guardia al correspondiente editor ante el posible engaño.

Impresionado por la muerte de estos dos irrepetibles. Uno, poeta excelente de reconocimiento tardío. El otro por lo inesperado y la irreparable pérdida de uno de los autores, por no decir el autor (en todo caso, y como mucho, añadir Adrià Pujol y puede que a ninguno más) que nos ligaba a una parte de la tradición ampurdanesa nutriéndola de continuidad como hicieran los Dalí, Climent, Pous, Fages…y que facilita a los más jóvenes poder encontrar los caminos ya trazados que se han ido reinterpretando en la excelencia. Solamente Pagès Jordà era capaz de prologar Vila-sacra, capital del món y darle una digna continuidad. Si cambiásemos el Ampurdán por los Highlands de Escocia podríamos decir que en lo literario se ha encontrado al blanco unicornio en un claro de la floresta. Al otro lado de la tramuntana también está el seny. Vida eterna para sus obras.

Próximamente, nuevo poemario de J. M. Pérez (sin fecha) y el esperado nuevo libro Kennedyana de Vicenç Pagès en este año negro para las letras catalanas.

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