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Diario de Mallorca

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U n diputado de Podemos en el Congreso por Granada, un tal Pedro Honrubia, ha dicho textualmente :«Echo de menos una buena guillotina en la historia del Estado español». Esta declaración, que califica al individuo, la ha hecho con motivo del viaje del Rey a Colombia, en donde asistió a la toma de posesión del nuevo presidente de aquel país, Gustavo Petro. Al parecer entiende mal que el Rey no se levantase cuando mostraron la espada de Simón Bolívar, el militar español que se sublevó contra su país, España, y con la que seguramente mato a otros españoles. No conozco bien estos episodios y tampoco me interesan mucho. Honrubia esperaba que el monarca se levantase y aplaudiese al agresivo y significativo instrumento. Además de lamentar la inexistencia en España del uso de la guillotina – relacionándola con el Rey -, dedica, Honrubia otros insultos a Felipe VI, como por ejemplo le llama «facha» y «que le den por el saco». Esto que dice este sujeto me horroriza y me asombra. No creo que en algún país europeo hubiese alguien con tan importante representación como la que el ostenta dentro de un partido, Podemos, que se atreviese a decir tales cosas sobre el Jefe del Estado y que no pasase nada. Aquí no pasa nada, todo vale.

La guillotina se utilizó durante la revolución francesa de 1789, durante «el periodo del Terror» como máquina infernal para aplicar la pena capital, por decapitación. Se empleó para guillotinar al rey Luis XVI y a la reina y princesa de Austria, Maria Antoniete. Su nombre deriva de su inventor un cirujano francés llamado Joseph Ignace Guillotin. Marat llamó a este infernal aparato como «louison» en alusión al rey Luis. Durante este periodo de Terror fueron ajusticiadas en la actual plaza de la Concorde 16.594 personas. El Consejo de Europa y el Parlamento Europeo recomendaron a los países miembros la abolición de la pena de muerte. E incluso el nazi y salvaje de Hitler manifestó en 1933 «al menos, no hemos establecido una guillotina». Sin embargo, el ministro de Justicia del Reich encargó veinte guillotinas para la prisiones alemanas y entre los ejecutados por este sistema aparece un joven alemán de 17 años que como todo delito había repartido folletos, en Hamburgo, contra la guerra. Todo esto es lo que debe de echar de menos el diputado Honrubia. Yo creía que Podemos y sus miembros estaban en contra de la pena de muerte, creía también que la barbarie no formaba parte de su ideario y creía que manifestaciones como las de Honrubia merecerían un rechazo por parte de su formación política. También pensaba que el Gobierno de Sánchez aclararía su posición al respecto de lo dicho por Honrubia, rechazando tales manifestaciones, pero no, no lo ha hecho. Yo, como ciudadano de a pie, sí expreso mi espanto y repugnancia y empiezo a pensar, desde la preocupación, si ha llegado el momento de emigrar a algún país más civilizado.

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