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Diario de Mallorca

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Ramón Aguiló

escrito sin red

Ramón Aguiló

Sin corbata y a lo loco

El trío es genial. Tienen que quitarse la corbata para escapar del poder mafioso de la banquera Ana Botines Colombo y del malvado ingeniero Galán Mondadientes, que se disputan el control oculto del Ibex. Joe (el guapo Sánchez Curtis), Jerry (el zopenco Bolaños Lemmon) y Sugar Kane (la espectacular Yolanda Monroe) emprenden una huida en pos de los descamisados descorbatados entre los cuales piensan poder pasar desapercibidos. Siguiendo con la broma y tras la enésima reunión de Sánchez y Díaz escenificando una sintonía de intereses comunes plasmada en abrazos y besos replicados en toda la prensa, contando con la inveterada costumbre del primero en rectificarse a sí mismo, es de esperar que, en algún momento, rememore a Toni Curtis afirmando que besar a Marilyn Monroe en Some like it hot era como besar a Hitler.

Combatir a los poderes de Ana Botín y Sánchez Galán, citándoles por sus nombres, en un intento de estigmatización personal desde la presidencia del Gobierno, es lo más parecido al populismo peronista o chavista que se ha visto por estos lares. Es como si el eslogan de la remontada, el ir a por todas, supusiera arrojar al basurero de la historia la contención exigible al gobierno de la nación, al gobierno que, por el hecho de serlo de una democracia (aunque manifiestamente mejorable), representa a todo el país; es como si ante las encuestas desfavorables estuviera Sánchez dispuesto a romper alocadamente con las reglas que separan a un presidente democrático de un autócrata, a un demócrata de un tirano elegido para gobernar cuatro años. Sólo ha faltado anunciar alguna medida expropiatoria adicional a las prestaciones patrimoniales de dudosa constitucionalidad que va a imponer por ley. Si se llegan a implementar las vamos a pagar los ciudadanos. La sofisticación de la demagogia no es el rasgo más sobresaliente de Sánchez. Aparecer sin corbata como líder europeo adelantado en la lucha contra el cambio climático para, acto seguido, irse a Torrejón (26 km) subiéndose a un Super Puma que consumirá 180 kg de queroseno, es toda una declaración de principios, una prueba de lo mucho que valora el presidente la inteligencia de los ciudadanos. Constituye una demostración adicional de que ya no confía en la acción de gobierno para remontar las encuestas, de que el ir a por todas significa que va a dedicarse con todo su empeño a la propaganda, otra forma de desprecio a la ciudadanía.

Tengo que entonar un mea culpa. A principios de junio, cuando Sánchez se comprometió a indexar las pensiones a la inflación, que ya apuntaba al 8% a final del año (según Funcas será del 8,9%), pronostiqué que, tras las elecciones andaluzas, en verano u otoño, se reconsideraría esta promesa y se incluirían las pensiones en un pacto de rentas que contemplara la moderación de salarios por cuenta ajena, sueldo de funcionarios y beneficios empresariales en torno a un 4%. El crecimiento previsto para 2022 por el Gobierno en julio es del 4,3%. De momento, no sólo no hay reconsideración sino mantenimiento de la promesa. Me equivoqué, pensé que se impondría la racionalidad a la demagogia. Pero Sánchez no está al servicio de los intereses del país, sino de sus propios intereses. El BCE ya ha avisado. No comprará deuda a España si se indexan las pensiones al 8%, o al 8,9% previsto por Funcas. El Consejo Europeo del 13 de junio recomienda medidas de contención del gasto en 2022 y 2023. Con un crecimiento del 2,7% para 2023 (según Funcas, el 2%) las pensiones no deberían crecer por encima de los salarios. En caso contrario se pondría en cuestión el mecanismo antifragmentación (TPI) que permite la compra de deuda por parte del BCE si se dispara la prima de riesgo. Para un mismo volumen de gasto público el techo de gasto para 2023 debería haber aumentado en torno a 20.000 millones y no los 2.000 que ha aprobado el gobierno, debido al compromiso con Bruselas de que el déficit en 2023 no supere el 3,9% del PIB. La razón de la contención es el compromiso de indexar las pensiones al IPC, en torno a los 15.000 millones, que repercutirá en el resto de gasto social. Lo que se juega es el voto de más de 10 millones de pensionistas.

Pero todo parece complicarse aún más. La Reserva Federal de EE.UU. ha subido los tipos de interés en 2,25 puntos porcentuales y se espera una subida adicional en diciembre; la inflación prevista para 2023 es del 3,8%. No descarten otra subida de tipos del BCE. En Europa y el resto del mundo el incremento de la inflación de 2022 proviene del precio de los alimentos, la energía y la interrupción de las cadenas de suministro. Pero están bajando trigo y petróleo y se recuperan las cadenas de suministro, aunque ha empeorado el gas. Seguirá la inflación (y el empobrecimiento) y se anuncia una inminente recesión, con lo que se oscurecen las ya escasas previsiones de crecimiento para 2023. De hecho, en España los datos de julio anuncian la pérdida de 7.366 empleos y una subida del paro del paro de 3.230 personas, los peores datos de julio desde 2008.

Ante tan preocupante panorama, Sánchez postula una acción del Gobierno antitética a la que adoptó Zapatero. Recuerden, las medidas, entre otras, de reducir el 5% el sueldo de los funcionarios y la congelación de las pensiones; el «cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Presionado por Europa y por Obama, impuso los sacrificios que evitaron una crisis global. Sánchez quiere evitar a toda costa repetir lo que califica como una rendición que dio el triunfo a Rajoy. Él no se rinde, va a por todas, lo que puede significar política de tierra quemada. Sin ningún escrúpulo, en Mallorca reivindicó el pasado martes, con su inigualable cinismo, que el Gobierno está comprometido con la «regeneración democrática», al tiempo que prepara el asalto definitivo al poder judicial y al Tribunal Constitucional mediante el control del legislativo, fabricando leyes a su capricho que contradicen las aprobadas hace un año para asegurarse sus indultos a los sentenciados por los Eres o las medidas que pacte con ERC o EH Bildu. Vayan ustedes a saber qué entenderá Sánchez por la palabra regeneración y por la palabra democracia. Está a lo loco en una huida hacia el desastre.

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