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Diario de Mallorca

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Carmen Lumbierres

Carmen Lumbierres

Psicóloga

El mes de la pereza

Agosto siempre se me hace muy largo como en vísperas de algo importante. Ese espacio de pausa, que a las personas impacientes nos cuesta disfrutar y luego invocamos con nostalgia a finales de septiembre, se nos va a hacer corto este verano. No acabamos de salir de unos años extraños que parece serán más recurrentes en el futuro cercano, porque lo insólito va a ser el terreno que pisaremos según los padres de la Colapsología, y nos hemos dado este recreo lleno de fiestas patronales, conciertos, atascos en el K2 como si fueran retenciones en la AP-7. El primer verano tradicional para muchos jóvenes que descubrirán lo que significan las noches interminables, de reuniones familiares a cuarenta y dos grados en las que parece que nada ha cambiado pero que unas canas de más, alguna mirada perdida delata que todos estos meses nos han acelerado en la conversión de otros, distintos, empeñados en las mismas rutinas de siempre.

Mientras nos espera una realidad llena de fenómenos imprevisibles, de restricciones energéticas porque los sistemas cada vez más complejos que proporcionan alimento, agua y energía son más interdependientes y con mayor vulnerabilidad como una pandemia acompañada de una guerra europea nos han demostrado, descansaremos unas semanas como si la fatiga que nos acompaña fuera a desaparecer para incorporarnos al septiembre de 2018, cuando todo parecía más previsible y controlado. Es estúpido poner fecha a los problemas, pero el otoño de 2022 parece ser el principio del fin, y no será ni una cosa ni la otra, porque los problemas se vienen larvando desde hace décadas y a veces emergen como evidencias acumuladas.

¿Y saben qué da una pereza infinita? Que, ante toda esta convulsión civilizatoria, como dirían los colapsólogos, Servigne y Stevens, entremos en el otoño con los nervios y el frentismo de la política nacional en una precampaña electoral que se nos va a hacer muy larga, con el y tú más de siempre, con las lecciones de ética al contrario, con los palos en la rueda para seguir enarbolando el cuanto peor mejor. Si me permiten la comparación, la sacudida de ciclo que algunos predicen pone al postulante en una posición más beligerante y al damnificado en una situación de defensa que le provoca más irritabilidad y le hacer ver gigantes donde solo hay molinos. Mientras el mundo se derrumba, seguiremos a pies juntillas declaraciones, décimas de alteración en las encuestas y campañas de manipulación que tienen su vista puesta en mayo de 2023. Para crisis internacionales igual estamos mejor preparados, pero para guerras internas creo que nos podrá la desidia.

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