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Diario de Mallorca

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Elena Neira

Elena Neira

Profesora de Estudis de Ciències de la Informació i de la Comunicació de la UOC

El taquillazo veraniego ha vuelto

Tom Cruise y Jennifer Connelly en ‘Top Gun: Maverick’.

Después de dos años de letargo pandémico los espectadores están volviendo en masa a las salas de cine, buscando algo de evasión y cobijo contra el calor sofocante. La relajación de las medidas anticovid ha contribuido a este fenómeno, pero también la proliferación de un tipo de película especial, apta para todos los públicos e ideal para épocas de escasos compromisos laborales y académicos. Es el blockbuster veraniego, un invento de Hollywood diseñado para sacar el máximo rendimiento posible a esta estación del año. El calor y el hecho de disponer de más tiempo libre convierten la visita al cine en un plan perfecto para espectadores de todas las edades. Las salas te sirven en bandeja una dosis de escapismo durante algo más de dos horas por lo que cuesta una entrada.

Si algo caracteriza a un taquillazo veraniego es su presupuesto. Inversiones millonarias en producción, muchos efectos especiales, estrellas de Hollywood de primera línea y apabullantes campañas de marketing. ¿El resultado? Que el espectador perciba que no tiene ante sí una película del montón, sino un evento que no se puede perder. El blockbuster tiene un papel clave dentro de la industria audiovisual, ya que está diseñado para conseguir que vaya al cine quien habitualmente no lo hace. Es este espectador esporádico el que marca la diferencia entre una recaudación buena y una espectacular, alargando la vida de la película en taquilla y, por extensión, aumentando su popularidad.

Todo empezó con ‘Tiburón’

La película de estreno estival que dio origen al concepto de blockbuster de verano fue Tiburón, de Steven Spielberg. Se estrenó el 20 de junio de 1975, rompiendo la práctica habitual de la época (estrenar durante las vacaciones de Navidad). No le pudo ir mejor: fue número 1 de taquilla durante 14 semanas seguidas. Semejante tirón en cines la convirtió en la primera película en superar los 100 millones de dólares en salas, logrando una recaudación total de 470 millones en todo el mundo. Una auténtica barbaridad para una producción que había costado 7 millones. Una de las claves del éxito de Tiburón fue, precisamente, la decisión de estrenarla en verano. El gigantesco escualo blanco que atemorizaba a los veraneantes del pueblo de Amity provocaba un impacto extraordinario en el público que iba a verla, especialmente entre aquellos que disfrutaban de sus vacaciones en la playa. La historia con gancho fue, además, acompañada de una enorme campaña de marketing para promocionar el título antes y después de su estreno. Todo estaba diseñado para converger en una idea: Tiburón era la película que había que ver. Y una vez vista, no podías dejar de hablar de ella. Así surgió esta fórmula de éxito que Hollywood ha reproducido hasta la saciedad durante décadas.

Este año no ha sido un tiburón sino un F-14 el que ha dado el pistoletazo de salida a los blockbusters veraniegos. La obsesión de Tom Cruise por mantener un estreno convencional para Top Gun: Maverick, título que se tenía que haber estrenado en plena pandemia, ha sido providencial. Su espectacularidad y la fuerte dosis de nostalgia han conquistado a audiencias de todo el planeta. La película se estrenó a finales de mayo y ya ha superado los 1.000 millones de recaudación mundial. Es, de hecho, la primera cinta protagonizada por Cruise que lo consigue. Lo ha logrado, además, sin haber estrenado en China, un territorio clave para Hollywood. Uno de los grandes méritos de Top Gun: Maverick es que ha conseguido atraer al público más adulto a las salas. Ha sido el primer estreno pospandémico que ha ofrecido un incentivo real para salir de la zona de confort que habían creado las majors, llevando los grandes estrenos a plataformas poco después de su paso por cines, a veces incluso el mismo día.

El blockbuster de toda la vida confirma que es la fórmula ganadora para recuperar el vapuleado negocio de la exhibición, ante un espectador cada vez más volátil y saturado de oferta. La taquilla vuelve a estar dominada por secuelas, sagas y franquicias y el espectador parece estar respondiendo. La gran pregunta es si tanto blockbuster haciendo de motor de beneficio económico dejará sitio para que se cuelen otro tipo de propuestas.

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