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Diario de Mallorca

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Antonio Balibrea

Antonio Balibrea

Sociólogo y periodista

Redistribuir o que el «mercado funcione bien»

La inflación que nos viene era el pronóstico que escribía en estas páginas en noviembre del año pasado. No era cuestión de magia o de adivinanzas los datos estaban ya en el índice del coste de la vida del INE. Los costes de la energía vivienda y agua habían subido casi un 10% interanual; le seguía el transporte con un 8,5; y a mucha distancia los alimentos con el 1,7. Estos últimos son los que se han disparado con la guerra de Putin en Ucrania. La inflación era menor en el resto de los sectores. La inflación estaba provocada por la oferta de energía que había limitado su producción subiendo los costes del transporte. No era una inflación de demanda, aunque ésta se había recuperado ligeramente tras la pandemia; era una inflación de oferta donde los monopolios de la energía fósil habían limitado su producción. Como nos enseñó José Luis Sampedro- La inflación en versión completa. Planeta 1976. Colección RTVE-, la inflación de costes denota una lucha de las grandes empresas por acaparar una proporción mayor del Producto Interior Bruto (PIB) y según el tipo de productos o el sector tiene repercusiones en el resto de la economía.

Entender dónde estamos es lo primero que hace falta para poder actuar o intervenir sobre una situación. El análisis que hizo Pedro Sánchez en el estado de la nación es correcto y centró la problemática en la inflación provocada por los monopolios energéticos mundiales y en la guerra en Ucrania. Sustancialmente es importada. Inflación en EE UU, en Europa y en todo el mundo. La inflación se lleva por delante a los gobiernos de todo signo y reduce sustancialmente el poder adquisitivo de «las clases medias trabajadoras» al acaparar las oligarquías monopolistas una mayor parte del PIB. Las medidas aprobadas esta semana en el Congreso, aumentando impuestos a las energéticas y bancos, son medidas redistributivas, no antiinflacionistas.

Medidas antiinflacionistas son las que han adoptado la FED- el Banco Central norteamericano- y el Banco Central Europeo subiendo los tipos de interés, buscan reducir la demanda; y pueden provocar una recesión. Actúan sobre la demanda; sobre la oferta las medidas son otras: La visita de Biden y la conversación con el príncipe heredero Mohamed bin Salmán- tragándose los sapos de saludar al asesino del periodista Yamal Jashogyi-. El objetivo es que aumenten la oferta de crudo y gas los países de la OPEP; Norteamérica ya lo hizo. Tan importante o más es la campaña que está llevando la secretaria del Tesoro Janet Yellen- y expresidenta de la Fed- por Japón y otros países de Oriente, como China o India para que no compren gas ni crudo ruso si no es con un descuento sustancial; aunque por encima del precio de producción. Reduce la inflación, aumentando la oferta a la vez que dificulta a Rusia obtener financiación para la guerra en Ucrania. «El rol del Estado tiene que ser definir el contexto para que el mercado funcione bien y en beneficio de todos y no solo de unos pocos. También tiene que servir para garantizar infraestructuras, educación y salud creando ventajas para los negocios y la sociedad. Para eso se requiere que los que más se benefician paguen suficientes impuestos». Es lo que acordó el G7 en la primera reunión con Joe Biden, quien pretende reducir la inflación, antes de las elecciones USA de noviembre que son vitales para el partido Demócrata.

Las medidas del presidente Sánchez buscan evitar el aumento de desigualdades, redistribuyendo la renta entre «las clases medias trabajadoras». Algunos afirman que los oligopolios repercutirán los nuevos impuestos sobre los precios, con lo que neutralizarían en buena parte el efecto redistributivo. De poco sirve encomendarse a la Comisión Nacional de la Competencia, como se ha demostrado en el acuerdo sobre precios de las constructoras. La medida más eficaz sería tener una empresa pública en cada sector oligopolista- banca, energía, vivienda, agua...-, pero esa es la opción «radical» que le ha dejado a ‘Sumar’, con la vicepresidenta, Yolanda Díaz. Lo ha hecho Francia, y otros, con la empresa nacional de electricidad. Mantener o crear empresas públicas en sectores estratégicos. Si las empresas oligopolistas repercuten los impuestos extraordinarios en los precios, la única salida será la presencia de empresas estatales, o nacionalizadas, en esos sectores estratégicos para que exista realmente competencia. «Para que el mercado funcione bien y en beneficio de todos» cómo dirían en el G7.

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