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Diario de Mallorca

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Pilar Ruiz Costa

Una ibicenca fuera de Ibiza

Pilar Ruiz Costa

Memoria de pez

Pedro Sánchez. EFE

Hay una creencia extendida que atribuye a los peces una memoria de treinta segundos. De ahí nos llega la expresión ‘tener memoria pez’, un mal que algunos políticos y sus vastos equipos de asesores tratan de perpetuar entre los votantes. ‘¡Mira el pajarito!’ para que un ave oculte a un pez todo lo demás.

Un ejemplo reciente lo hemos vivido estos días en que se ha celebrado el debate sobre el estado de la nación; un evento nacido para celebrarse anualmente —a excepción del año que hay comicios— desde aquel primero en el 83 presidido por Felipe González. En él el equipo de gobierno se presta públicamente al escrutinio parlamentario, como su propio nombre indica: para rendir cuentas del estado de la nación, pero también de su responsabilidad y propuestas para el mismo.

Las circunstancias extraordinarias de los últimos tiempos han hecho que transcurrieran siete años —como podrán comprobar haciendo ejercicio de memoria, muy intensos— desde aquel último debate de febrero de 2015 donde un presidente Mariano Rajoy gobernaba en la última mayoría absoluta que aplaudía la escasa inflación lograda tras cuatro años de austeridad y recortes. 11 puntos de diferencia — -1,1% frente los 10,2 actuales, si bien es cierto que la media de la zona Euro estaba a 0,1 por aquel entonces y ahora está a 8,6—.

Pedro Sánchez, el presidente del primer gobierno en coalición, ha tenido que enfrentar estos días reproches de aquella bancada de la derecha que antaño gobernaba, por esta inflación, como hace siete años, siendo líder de la oposición, les exigía la subida del salario mínimo que por aquel entonces era de 648,60 euros, derogar la reforma laboral o extender la protección por desempleo. Un desempleo, por cierto, que alcanzaba en 2015 a 4.812.486 españoles frente a los 2.880.582 actuales. Un 23,2% de la población frente al 13,1% actual, pero sin asomo de lo que hoy conocemos como escudo social. Para el resto, los trabajadores, el salario mínimo se ha incrementado hasta los 1.000 euros, un 54,2%.

La mayoría del PP, por descontado, rechazó aquellas propuestas progresistas mientras trataba de capear los reproches de los escándalos de corrupción que asediaban a los populares entre «sé fuerte, Luis», Púnicas, Gúrteles y la incesante aparición de personajes y negocios turbios que acabarían con Rajoy convertido en el primer presidente apartado del cargo por el Congreso y al PP en el primer partido en democracia condenado por corrupción.

Pero aún con Rajoy tratando de mantenerse a flote entre cloacas, aquel febrero de 2015 la oposición le pedía explicaciones sobre el reciente rescate del sistema bancario, que los populares negaban que fuera un rescate, sino «un crédito a la banca que va a pagar la propia banca» y no costaría «ni un euro» a los españoles. De los 65.725 millones de euros «inyectados al sector financiero», solo se recuperaron unos 6.000.

Siete años después,

el presidente Sánchez anunciaba su paquete de medidas extraordinarias que incluyen un impuesto extraordinario y temporal a la banca y a las grandes energéticas con los que espera recaudar 7.000 millones —deben mucho más—. Mientras, el PP en la oposición centraba buena parte de su discurso sobre el estado de la nación —recordemos que es el balance y la gestión del Gobierno— hablando de ETA —desaparecida hace más de 10 años— valiéndose de los 25 años del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y también ETA fue el argumento elegido para rechazar el anuncio del gobierno de sacar adelante, precisamente, una nueva Ley de Memoria Democrática con el apoyo, entre otros, de EH Bildu, proclamando que la derogarán el día que lleguen a gobernar. Un déjà vú. Ya aquel ejecutivo de Rajoy se jactaba de destinarle «cero euros» en los Presupuestos Generales del Estado a la vigente Ley de Memoria Histórica creada en 2007 por el equipo de Zapatero, ignorando, además de la ley, las demandas de la Organización de Naciones Unidas de abandonar la excusa de reabrir heridas y urgiendo a hacer políticas de Estado que garanticen justicia a las víctimas.

Política de memoria. Memoria de lo acontecido durante el golpe de Estado del 36, la dictadura y verifique si la transición fue tan ‘ejemplar’ como nos vendieron. Donde el Estado asuma la tarea de búsqueda y exhumación de los desaparecidos y de que la Historia de la Democracia y la Memoria Democrática, la nuestra, esté en los libros de texto.

¿Basta? No. Nunca. Pero va en el camino de la justicia, la reparación y la verdad.

Hay una creencia extendida que atribuye a los peces mala memoria. Innumerables estudios han demostrado que no es cierto. Son capaces de evitar los lugares donde encontraron un anzuelo, reconocerse a sí mismos e incluso rostros humanos y entre ellos muestran predilección por quienes saben que les dan de comer. Tiene sentido; recordar dónde hay una trampa o quién te procura cuidados es esencial para la supervivencia. Ya ven, la memoria marca al final la diferencia entre ser un pez… o un pescado.

@otropostdata

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