Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

José María de Loma

Limón & vinagre | Olaf Scholz (Canciller de Alemania)

Jose María de Loma

Limón & vinagre | Olaf Scholz: El vecinito algo soso

El canciller alemán, Olaf Scholz, en una rueda de prensa el pasado viernes en Bruselas. JOHANNA GERON / REUTERS

Ni lehendakari ni presidente, ni primer ministro, ni jefe de Gobierno. La palabra más atractiva de ese campo semántico es canciller. Tiene prestancia, autoridad, resonancia. Es una brizna rimbombante pero no roza la cursilería ni tiene excesivo número de sílabas. La palabra más rimbombante es rimbombante. Claro que canciller tiene una segunda acepción: empleado de embajada. Pero quién llega a la segunda acepción, quién llega al segundo párrafo, quién lee la letra pequeña. Canciller viene del francés, y a su vez del latín pero nuestro protagonista viene de Alemania.

Olaf Scholz dirige esa nación desde 2021, es socialdemócrata, fue alcalde de Hamburgo, ministro y es abogado e hijo de comerciantes textiles. Ser de familia textil tiene tela. Posee la cara del vecino amable que te deja un inflador para la bici en esos telefilmes alemanes que programa después de comer TVE cada fin de semana. Un millón de audiencia media.

Scholz estará en Madrid esta semana en la cumbre de la OTAN donde su país tendrá un protagonismo singular. Ya va normalizándose que Alemania sea también una potencia militar. Scholz decidirá junto a Macron, Sánchez, Biden y Trudeau sí ayudar más o no a Ucrania. Scholz bien puede conocer ya España, como millones de alemanes. En las recepciones de los hoteles de Torremolinos o Benidorm siempre hay un Scholz, un ser de aspecto algo lacio, en pantalones cortos a punto de preguntarte dónde dan buena sangría y «paela». Con la misma cara y gesto que tiene en su foto oficial. Pero a lo mejor Biden no conoce tanto los encantos de esta tierra y Sánchez se los lleva a todos a comer callos. O un chuletón al punto, «que es imbatible». Con berenjenas de Almagro y de postre leche frita. Ahí es nada una digestión callística madrileña discutiendo con la calor si salvaguardar Ucrania es un imperativo moral o dónde está el baño.

Con Trudeau resistiendo el asedio de las fans y Macron preguntando que por qué no hay nadie de Ciudadanos en el Gobierno español y que cómo no hemos sabido en España contener a la ultraderecha (Le Pen: 88 diputados en la Asamblea Nacional). Boris Johnson inquiriendo que cómo han hecho sus colegas para pegarse fiestones sin que se sepa. Y confesando que no sabe situar Irlanda del Norte en el mapa. Ni en el mapa ni en el contexto internacional.

Pero además de estos asuntos importantes, la cumbre abordará algunos asuntillos: si se amplía (Suecia y Finlandia), si recibe en Madrid al mismísimo Zelenski y qué líneas maestras definirán la actuación de la OTAN durante los próximos diez años. Con la amenaza de una recesión, y una nueva guerra fría (recemos para que no sea caliente) en lontanza.

Madrid se blinda y serán más de 6.000 policías los que vigilen este reto organizativo. Además de las comitivas que lleve cada jefe de Estado. La reina Letizia tiene encomendado acompañar a los parejos y parejas de los cancilleres o jefes de Gobierno y Estado en un programa paralelo de actos. Ahí atisbo una competición de egos y estilos, de caracteres y dinámicas entre la esposa de Macron y nuestra reina, de paseos ambas con mariditos y mujercitas de seres poderosos que van a decidir que la OTAN organice el mayor despliegue militar desde la Segunda Guerra Mundial. Ahí es nada más de cuarenta mil soldados ubicados permanentemente a lo largo de todo lo que era el antiguo telón de acero (desplazado hacia Rusia), o sea, construido de nuevo.

De Madrid va a salir un nuevo orden casi mundial. Una OTAN renacida, con un matiz nuevo de club de democracias, no solo de ejércitos, y en cierta medidas, en cierta, liderada por Scholz cuyos enemigos, amenazas, son no solo Rusia, también China, el Sahel y el Islam. Pero para que todo esto culmine tiene que salir bien antes la cumbre de Madrid. Madrid capital del mundo. En qué estará pensando Scholz ahora haciendo la maleta rumbo a la capital de España. En broncearse la calva, que este sol nuestro es más peligroso que el teutón; en asumir el liderazgo que le deje Biden y le dispute Macron, en convencer de que hay que implicarse más en la ayuda a Ucrania y en parapetarse junto a Sánchez si se critica mucho a la socialdemocracia. Afablemente.

El canciller alemán, Olaf Scholz, en una rueda de prensa el pasado viernes en Bruselas.

Compartir el artículo

stats