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Diario de Mallorca

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Daniel Capó

LAS CUENTAS DE LA VIDA

Daniel Capó

Un alcalde fallido

Una ciudad de talla europea como Palma no se merece el desgobierno del actual consistorio

En política, la lógica no siempre casa con la realidad. La lógica nos decía que un pacto de izquierdas -sobre todo un pacto de izquierdas- sabría capitalizar el relato de una ciudad aparentemente de éxito como Palma. La realidad es que el equipo de Hila se encuentra en descomposición y que su figura a día de hoy constituye el principal lastre para que Armengol repita como presidenta del Govern. El peso electoral de Palma –cerca de la mitad del censo de Mallorca– pende como una espada de Damocles apuntando directamente hacia el corazón del Consolat de Mar. Eso lo sabe Francina, cuyo gobierno –al contrario que el de Hila– no flaquea en absoluto, sino que se mantiene firme, a pesar de que los vientos de las encuestas nacionales no soplan a favor de Pedro Sánchez, como hemos podido comprobar en Andalucía. 

¿Sobrevivirá Armengol al final del sanchismo? Es posible. ¿Lo hará Hila? Lo dudo. Hila firmó su sentencia de muerte cuando se enfrentó con el escritor Arturo Pérez-Reverte, viéndose forzado a recular tras una serie de declaraciones sin sentido. Pero la altanería de la que entonces hizo gala, supuso además la exposición pública de problemas mucho más hondos y de calado; por ejemplo, la enorme ineficiencia y la falta de proyectos de su equipo. Con todo a favor, Hila se ha mostrado como un alcalde carente de mano izquierda, falto de liderazgo y de imaginación, incapaz de cohesionar las distintas sensibilidades que forman el pacto de Cort. Una ciudad de talla europea –y Palma lo es– no puede permitirse una gestión caótica y carente de ambición política y cultural. Sobre esto último, la cultura, nadie sabe qué ha hecho de relevante este consistorio. Las comparaciones con otras ciudades de provincias, como Málaga, resultan odiosas, como recordaba Jordi Amat hace unos días en este mismo periódico.

El palmesano, que ya estaba molesto, ha dado paso al mallorquín emprenyat con las desafortunadas declaraciones de Kristin Hansen sobre el supuesto primitivismo de la Part Forana, cuya respuesta ha sido de una rara unanimidad en la opinión pública mallorquina. En fin, ¡qué cosas! El problema de Armengol, en todo caso, pasa por saber si la sustitución de Hila como candidato será suficiente para borrar el recuerdo de esta legislatura, puesto que los vientos que llegan de Madrid no suman ya voto alguno. Ni siquiera la extraordinaria campaña turística que se espera para este verano parece que pueda contrarrestar los efectos de la inflación y de la subida de tipos en el ánimo de los votantes.  

Las próximas municipales y autonómicas se leerán también en clave nacional. Sánchez, Feijóo, Yolanda Díaz o Irene Montero representarán un rol positivo o negativo que aún resulta difícil de determinar, pero que resulta real y que se incrementará a medida que nos acerquemos a la cita electoral. Sin embargo, una de las partidas clave en Baleares se jugará en Palma, una ciudad que –a día de hoy– parece perdida para la izquierda tras ocho años fallidos. El contraste entre Hila, un político denostado, y Armengol, una política exitosa, resulta más que evidente; y no, no hablamos de ideología, sino del control de la situación y de la imagen pública de uno y otro. Palma será determinante en muchos sentidos. 

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