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José María de Loma

Limón & vinagre | Donald Trump (Expresidente de Estados Unidos)

Jose María de Loma

Limón & vinagre | Trump, personaje al asalto

Trump, durante un encuentro del Partido Republicano bajo el título ‘Carretera de fe y libertad hacia la mayoría’ celebrado en Nashville, Tennessee, el pasado viernes. Harrison McClary / Reuters

No hay Trump que cien años dure. Pero este se nos está haciendo muy largo.

Puede que él intente acabar con la democracia, pero el sistema es tan fuerte que antes será su familia la que se acabe. Su yerno, marido de Ivanka, Jared Kushner, prepara un libro. Que alguien de la familia Trump haya leído alguno ya es noticia; que lo perpetre puede ser una conmoción. Aparte de una operación de márketing.

El yerno amenaza no con ripios o prosa estrafalaria; no con sólidos argumentos o personajes bien trabados. No con reflejar las eternas pasiones humanas, como los celos o la envidia. Parece que no es su ambición emular a Faulkner. No. Parece que la idea es sacar mucha pasta y poner a caer de un asno (símbolo de los demócratas para más inri) a Donald Trump, neoyorkino de Queens, millonario de profesión, estrella televisiva, empresario, fundador de empresas y, entre otras ocupaciones, 45.º presidente de los Estados Unidos de América desde el 20 de enero de 2017 hasta el 20 de enero de 2021.​

Jared Kushner, que para ser escritor de éxito (futuro) tiene un nombre difícil de pronunciar, no pretende ser el yerno ideal, sino el escritor del año. Pero no es solo él el que representa la disensión con el patricarca; Ivanka, su hija, mujer del bestselero, ha censurado públicamente la idea de su padre de presionar a Mike Pence, vicepresidente entonces, para que no aceptara la victoria de Biden.

Además, Ivanka ha reconocido la victoria demócrata, la derrota de su padre en 2020, lo que, en efecto, debe parecerle a Trump una auténtica derrota. Que tu hija reniegue de ti.

Ahora, el Congreso estadounidense investiga el asalto al Capitolio, ocurrido el 6 de enero de 2021. A esa comisión y a sus miembros, Trump los ha tildado de radicales izquierdistas cargados de odio. «Están tejiendo una narrativa falsa y un intento escalofriante para enjuiciar a sus oponentes políticos», dijo el expresidente republicano durante un mítin en Nashville.

Nótese que empleó la palabra «narrativa», lo que da idea de lo muy adentro que está metiéndose lo literario en la familia Trump, que ya puestos podrían fundar una editorial y editarnos libros a los pobres. Libros subversivos, claro. O sobre las relaciones familiares.

Tampoco estaría mal una colección sobre los populismos. En un artículo sobre Donald Trump siempre hay que hablar de populismo aunque el término sea difuso, un tópico ya, facilón, y englobador de cosas tan distintas como la ultraderecha italiana, los brexiteros ingleses, los húngaros faltones o las putinadas. Trump es mucho más. O mucho menos. De nuevo en boga.

Y es que la investigación del Congreso está trayendo por la avenida de la amargura a Trump y no solo porque se esté aireando su complicidad, la manera en la que alentó el asalto. También por el hecho de que en su propio partido (¿es su partido?), hay voces, y tantas, que muestran su desafección, odio o disidencia con él.

Entre ellos destaca Liz Cheney, a la que Trump ha llamado fascista de izquierdas y a la que ha llenado de venablos e invectivas. Trump no es muy bueno como epigramista y el arte de insultar lo despacha con términos como los citados, dirigiéndose al corazón primario de esa América que identifica izquierda con infierno.

Cheney es hija de Cheney, lo cual es lógico. Apellidándose así, lo raro es que fuera hija de López o de Estébanez. Su padre se llamaba Dick y fue vicepresidente con Bush, el malo, en cuya Administración ya prestó servicios esta abogada de 55 años que merecería para ella sola esta sección. Tenaz de segundo apellido. Es la tercera en la nomenclatura republicana en la cámara de congresistas y azota con denuedo a Bush convirtiéndose en figura emergida más que emergente y en guardiana de las esencias de un Partido Republicano democrático y plenamente integrado en el sistema, no un partido que produce figuras como Trump.

Los medios americanos especulan con la vuelta de este personaje de los Simpson (no es peyorativo), personaje también por cómo se comporta y personaje igualmente ahora de un libro, que supo conectar con el pueblo americano, que sabe hacer dinero, que usa trajes que disimulan su obesidad (su peso fue secreto de Estado) y que debería convertirse en accionista de Twitter. Más bien no se ha ido. Ni su espíritu ni lo que representa. Un peligro.

Alguien que pone en duda las victorias democráticas de sus oponentes y que compadrea con la idea de que se pueda asaltar un parlamento. Un listo. De libro.

Trump, durante un encuentro del Partido Republicano bajo el título ‘Carretera de fe y libertad hacia la mayoría’ celebrado en Nashville, Tennessee, el pasado viernes.

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