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Diario de Mallorca

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Pedro Coll

Claudia

Claudia y Jean Pierre, doble página en la revista ‘París Mach’, 23 de agosto de 1993. ©Pedro Coll

Esta es una historia de esas que no imaginarías que pudiera llegar a ocurrirte. Garantizo que la versión que voy a dar es de primera mano. En una party juvenil se la encontró mi entonces asistente Stuart Pearce, concretamente en el Tim’s Bar de Puerto de Andratx. Estábamos en 1987 y Claudia había cumplido los 16 años. En aquellos veranos comenzábamos a producir para los bancos de imágenes, imágenes life-style de uso publicitario (viaje, turismo, belleza, ilustración…). Era el inicio de una línea de trabajo en la que acabaríamos especializándonos y proyectándonos internacionalmente con fuerza. Estábamos arrancando y, por tema de costes, contratábamos modelos no profesionales, de todas las edades. En estos casos la tarifa habitual por una sesión de cuatro horas oscilaba entre 3.000 y 5.000 pesetas de las de mediados de los 80. A Claudia le propusimos unas sesiones. Dada su edad, hablamos con su madre, a la que explicamos la intención de las imágenes y las condiciones económicas. Aquella mujer debió pensar que éramos de fiar y realmente lo éramos.

Durante las tres sesiones que realizamos en aquellos días ella se mostró siempre muy insegura y cohibida, algo lógico. La emparejamos con un modelo francés con experiencia, Jean Pierre, de unos 25 años, que la ayudó y nos ayudó en el empeño de sacar de ella algo natural. Recuerdo bien que no me resultó fácil. Yo no estaba cuando la madre recibió el dinero y firmó la autorización de uso de las imágenes, fue Stuart quien se encargó. ‘¡Vaya, o sea que se puede ganar dinero con eso!’, dijo la mujer. No lo sabía bien. A Claudia le regalamos un set de ampliaciones para que se confeccionara un mínimo book. Nunca más volví a verla.

En el verano siguiente Stuart coincidió de nuevo con Claudia (los padres veraneaban en Andratx). Ella le comentó que con las fotos había ido a una agencia de modelos y había comenzado a hacer algunas cosas. De todos modos, por aquel entonces aún pensaba en estudiar, creo que Derecho. Ni ella ni nosotros sabíamos que con aquellos shootings de verano le habíamos despertado el interés por un camino que la iba a convertir en una de las tres modelos más famosas del mundo. Los años siguientes fueron los años de su crecimiento profesional. Stuart aún tenía un cierto acceso a ella en los veranos de Andratx. Él me hablaba a veces de los progresos internacionales de Claudia, pero yo no le hacía mucho caso. Un día la cosa me estalló en la cara. En un vuelo de British Airways, en el que volvíamos de un viaje de trabajo en Oriente Medio, Stuart me enseñó la portada de The Times. ‘Mira, ¡Claudia!’ ‘¿Qué Claudia?’ ‘¡Claudia Schiffer!’. En el centro de la portada del prestigioso periódico londinense había una sola imagen en blanco y negro, Claudia desfilando por una pasarela y el pie de foto decía: ‘¿Es Claudia Schiffer la mujer más bella del mundo?’

No sé cómo corrió la voz de que yo había descubierto a Claudia Schiffer. Durante sucesivos veranos tuve que torear a reporteros de tabloides británicos, por los que repetidamente me negué a ser entrevistado. Siempre he esquivado ese mundo de la prensa amarilla y del paparazzismo, me da repelús. Tan solo acepté conversar con Matías Vallés en varias ocasiones, porque era próximo, nos conocíamos y confiaba en su profesionalidad (entonces Diario de Mallorca estaba a doscientos metros de mi estudio). Sí es cierto que, tras años de ser tentados por la prensa inglesa y alemana para acceder a información sobre nuestra experiencia, decidimos poner en venta nosotros mismos nuestra historia. Entre vender y dejarse comprar la diferencia puede estar en quien fija el precio. Lo hicimos por mediación de la agencia que me representaba, AGE FototStock. Le dimos forma de reportaje, no de noticia de verano, preparamos un texto y un set de diapositivas y en un pis-pas, por sumas increíbles, vendimos muy bien la historia a importantes revistas europeas como Epoca (Italia), Stern (Alemania), Paris Match (Francia), etc. La española Hola también nos la compró por una importante suma. Pero Claudia estaba sacando en este momento un avance biográfico en el que no figuraba nuestra versión y sus asesores pactaron con la revista bloquear la publicación del artículo a cambio de concederle un extenso reportaje sobre ella en su casa de Andratx. No obstante, Hola nos pagó religiosamente lo acordado.

Claudia nunca acabó incluyéndonos en su biografía. No debió parecerle ‘chic’ haber comenzado su vida profesional en Playa de Palma, donde el alemán, como mucho de clase media, se explayaba combinando sol y cerveza. Prefirió decir que fue Karl Laguerfeld quien la había descubierto en una discoteca, creo que de Múnich. Realmente, eso viste más, pero pienso que no fue acertado. Ningunear aquello que realmente ocurrió, y que tiene su gracia, dice poco de quienes la aconsejaron, porque me consta que no fue cosa suya. Nosotros sí estuvimos más acertados. Siempre negué haber descubierto a Claudia, nunca lo utilicé publicitariamente, mis objetivos profesionales no estaban en esta línea, quien sí tenía el poder y la gracia para descubrirla era Laguerfeld. Nosotros sólo la provocamos. Con la ayuda de Stuart y de mi equipo la llevamos a iniciar un camino que quizá nunca hubiera descubierto. Sin nuestra intervención, posiblemente ahora sería una experta y bella abogada de cincuenta y tantos años con despacho en Düsseldorf.

En una carpeta conservo las diapositivas originales de aquellas sesiones, retiradas del mercado de los bancos de imágenes a partir de la publicación de nuestra versión, y también el divertido model-release (autorización de uso), firmado por su madre, por un total de 5.000 pesetas. Sólo cuatro años más tarde, en una agencia de modelos de Barcelona, comprobé en directo que Claudia estaba cobrando 2.0.000.000 de pesetas por un día de trabajo.

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