La crisis desatada en Palma con motivo de la fiesta del Orgullo, además de gran indignación ciudadana, deja muchos frentes abiertos y motivos de preocupación para el conjunto de la izquierda en el crepúsculo de la legislatura. El alcalde socialista José Hila ha salvado la mayoría política con la destitución y marcha de la promotora política del engendro, la podemita Sonia Vivas, pero él y su gobierno salen maltrechos ante una sociedad que requiere políticos entregados a la solución de los problemas reales, no artificios y duelos de egos. La onda expansiva de tanto desaguisado difumina los avances logrados en otros ámbitos y amenaza la prolongación de mandatos de progresistas.

¿Con el despliegue de actividades promovidas por organizaciones que llevan años luchando por los derechos de la comunidad LGTBI, había necesidad de contraprogramar con 70.000 euros de dinero público una Palma Pride Week criticada por los propios colectivos porque convertía una movilización de naturaleza reivindicativa en un polo de atracción de turistas para llenar bares y comprar pisos? El despropósito, agravado por las ofensivas declaraciones de la promotora empresarial Kristin Hansen el día de la presentación –«vendrá gente del campo y verá lesbianas por primera vez»-, provocó una gran controversia social y recrudeció la larvada guerra interna en el grupo municipal de Podemos, así como los desencuentros entre socios. Hila respondió en un principio negando la crisis, luego colocándose en el lado equivocado –aceptó las disculpas de la empresaria y respaldó el evento de una Vivas que amenazaba con dejarlo en minoría–, para al final suspender la Palma Pride Week y destituir a quien nunca debió llevar Alberto Jarabo a su equipo de gobierno.

La marcha de Sonia Vivas –ratificada ayer tras registrar su renuncia al acta de concejal– no cierra este lamentable episodio. Hansen asegura que llevará el asunto a los tribunales. Cuenta a su favor con la firma de la autorización que estampó in extremis la podemita cuando ya se sabía destituida, aunque ha sido revocada por la junta de gobierno municipal por considerar que el evento se ha desviado del interés público. Ante la virtual judialización del caso, cobran especial importancia las comunicaciones y movimiento de las últimas horas de Sonia Vivas en el Ayuntamiento. Mención aparte merece el comportamiento de la promotora empresarial del evento, con un local próximo al epicentro de la fiesta que proyectaba y que opera una terraza sin licencia, como han denunciado los sufridos vecinos de Santa Catalina. Otro expediente por resolver.