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Diario de Mallorca

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Juan José Millas

Tierra de nadie

Juan José Millás

Reinicio

De camino al mercado, tropecé con un vecino al que no veía desde hacía mucho tiempo. Nos detuvimos a hablar y me contó que había sufrido una parálisis mientras veía la televisión sin meterse con nadie. Le pregunté qué programa estaba viendo y no se acordaba. El caso es que sintió un dolor en la nuca y al intentar levantarse del sofá cayó al suelo, donde perdió por completo el control de los brazos y las piernas. Tampoco podía gritar porque no le salía la voz. Estuvo así hasta que su mujer pasó «casualmente» por el salón y telefoneó de inmediato al 112. La idea de que su mujer sólo pasara de manera casual por el salón me llamó la atención, pues conozco su casa y esa estancia es el nudo de comunicaciones del resto de las dependencias, pero no me atreví a preguntar, pues me pareció advertir algo oscuro en ese dato.

-Estuve una semana en el hospital -continuó- con inyecciones dolorosísimas, pero ahora ya estoy bien.

- ¿Y cuál fue el diagnóstico? -pregunté.

-No logré entenderlo, algo de un nervio de la espalda.

Nos despedimos tras desearnos lo mejor y yo retomé mi camino hacia el mercado tirando del carrito de compra, que tiene una rueda medio averiada. Al poco, me pareció que pesaba más de la cuenta, de modo que miré al interior y hallé un gato que debía de haberse colado sigilosamente mientras hablaba con el vecino. Le ordené salir y me miró desafiante desde la oscuridad como si pusiera en cuestión mi autoridad. En estas me encontraba, cuando me saludó una vecina que iba algo apurada porque su gato se había escapado de casa.

-¿No será este? -pregunté señalando el interior del carro.

Era ese afortunadamente. Se lo llevó en brazos después de que le asegurara que no había pretendido robárselo, lo que no sé si lo logré del todo, pues escuchó mis explicaciones con expresión desconfiada. ¿Para qué querría yo un gato?

Llegué al mercado un poco confundido por aquellos dos raros encuentros, y el puesto de verduras estaba cerrado por defunción del dueño. Me contaron que había tenido un accidente, pero no quise averiguar los detalles. Regresé a casa y me metí en la cama con la idea de comenzar de nuevo el día como el que reinicia el ordenador cuando no funciona como Dios manda.

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