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Diario de Mallorca

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Bernat Jofre

Pagar más, incentivar mejor: he aquí la cuestión

Estas últimas semanas se está dando una situación aparentemente contradictoria. Por un lado, los comentarios entre la clase política sobre la gran temporada turística que aparentemente se espera. Pero por otro, los lamentos de los empresarios hoteleros por la falta de personal.

Se extrañan unos y otros de que una parte de la fuerza laboral balear haya abandonado el turismo. Que se haya pasado a otros sectores productivos de la economía. No deberían: tan sólo teniendo contacto con la gente de a pie, se darían cuenta de algunos factores que pueden haber ayudado a tal migración laboral. Veámoslos:

Seguridad a cambio de menos salario. Es lugar común que ante la optativa de laborar los doce meses - aún sacrificando algo de salario - y trabajar seis a destajo, la clase trabajadora de a pie prefiera en masa la primera opción. La seguridad, ante todo.

Salud mental. Todos los facultativos coinciden en que unos hábitos determinados - una rutina por la mañana, acicalarse, ir a trabajar - favorece la salud mental.

Eliminación de complejos. Con un laboro de larga duración, no se crea el síndrome del parásito social. El del vividor de las ayudas públicas durante medio año. Al estar activo casi todo el tiempo, no se utiliza el paro. Con todo lo que ello conlleva.

Menores incertezas, menor estrés. La temporalidad turística balear comporta para la clase trabajadora - e incluso para cierta dirigente - una cierta incertidumbre. Eliminarla ( a pesar de todas las garantías legales ) puede equivaler a dejar por el camino una relevante carga de estrés. Los peligros de ictus y/o infartos de miocardio se aminoran. La calidad de vida, lo primero.

Planificación vital. El depender del empleador y de su memoria para la oportuna contratación temporada tras temporada hace difícil acometer según qué cambios vitales. Muy difícil planificar una vida en común si tan sólo se ingresa a la economía familiar la mitad del año.

Vivir para trabajar, o trabajar para vivir. Tras la pandemia, el cambio de «chip» parece haber calado en nuestra sociedad: la vida es una. Si no está muy bien retribuido, quizás no merezca la pena optar por la intensidad que requiere el turismo. Este razonamiento está calando tanto en trabajos menores - cocina, lavandería, habitaciones - como en puestos directivos. No han sido pocos los directivos que han fichado por consultoras: otro tipo de presión, pero menos agobiante.

Días libres. Otra de las claves para explicar la súbita migración de fuerza laboral puede ser la relativa ausencia de días libres - haberlos, haylos - en el mundo de la acogida en contraposición a otros sectores. Cobrar menos y disfrutar más de las criaturas, tal sería el razonamiento.

Salarios. Ciertamente, se venía de unas nóminas bajas. Pero parte de razón tiene la FEHM cuando objeta que el convenio de hostelería es, sectorialmente, uno de los más generosos del panorama balear. Sobre todo con unos incrementos salariales - 15% en los últimos 5 años - más acusados en los últimos tiempos. Por lo tanto, cuidado con hacer demasiada demagogia al respecto durante la negociación del próximo Convenio Laboral.

Objetivación de los problemas. Así como los sindicatos son conscientes de los esfuerzos que ha debido hacer la clase trabajadora durante estos últimos dos años, también deberían objetivar los enormes problemas a los que se ha visto abocado el sector hotelero en los últimos tres ejercicios. Empezando por la quiebra de Thomas Cook PlC, continuando por el virus SARS-Cov-II y acabando por la guerra de Ucrania y sus efectos colaterales: escasez de cereales, básicamente. Además de como la inflación que se vive en estos momentos en Europa, y que ya ha obligado al Banco Mundial a recortar el crecimiento a España entre un 3,5% y un 4,1%, con evidente peligro de estanflación para el bienio 2022-2024.

Falta de incentivos. Se ha intentado estigmatizar al hotelero como un empresario aprovechado y - casi - ladrón. Muy probablemente, algo de eso hubo en el pasado. Pero vivimos en el presente. Y si se quiere una temporada de diez-once meses, subidas de sueldo generalizadas en todos los escalafones de la cadena productiva y mayor conciliación familiar y laboral, algo debe ofrecerse como permuta. La Administración no puede ir exigiendo indefinidamente, debería haber un compromiso. Premiar la contratación de toda la plantilla los doce meses del año con una rebaja del IRPF no sería descartable: ya que se paga, el ITS y sus 140 millones presupuestados para este año podrían dar para mucho, la verdad sea dicha. Pero lo que no es asumible es un clima de confrontación continua, que es la situación que aparentemente se está viviendo en estos momentos. No estaría de más que Govern, patronal y sindicatos asumieran cuál es de una vez por todas su papel. Con generosidad y sin cainismos. El futuro de esta Comunidad bien merece la pena.

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