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Diario de Mallorca

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Javier Aroca

Javier Aroca

Analista político

¿Los minutos de la basura?

Si hacemos caso a las encuestas de las elecciones andaluzas, todo está decidido. Pero aún hay alguna esperanza: la democracia y los andaluces nos merecemos algo más

Para los no aficionados al básquet, los minutos de la basura son ese tiempo al final del partido en el que todo está decidido y en el que, en todo caso, los secundarios solo aspiran a mejorar sus números estadísticos. Cuando todo esta perdido.

Si hacemos caso a las encuestas recientes, todo está decidido. La campaña que comenzó a las cero horas del viernes en Andalucía sobra, son los minutos de la basura porque todo está hecho. Y sin embargo, la democracia y los andaluces nos merecemos algo más.

Como mínimo debatir sobre el hecho cierto de que por primera vez un partido, en este caso el PP, con sus peores resultados, abrió las puertas institucionales a la extrema derecha, algo insólito hasta ahora, no solo en España sino en una Europa cuya derecha, véase el caso de Francia o Alemania, se opone frontalmente a conceder cuartel a las fuerzas de extrema derecha .

Es uno de los temas centrales, el proceso de blanqueo en el que el PP, con la imagen contrahecha de moderado de Moreno Bonilla, ha contado con la colaboración imprescindible de medios de comunicación y poderes fácticos de manera incondicional.

Sin embargo, no conviene, y menos a los andaluces, ampararnos en solo eso. El PSOE, hasta ahora el partido de los andaluces, hegemónico, no ha superado la pérdida de su hegemonía pero tampoco la desconfianza de los antes sus votantes en su capacidad de regeneración. El PSOE no ha querido aprender de sus líos orgánicos ni de otros relacionados con una manera de hacer que ha sonado en unos casos a corrupción y en casi todas, a arrogancia, la de saberse no cuestionado por los suyos, a pesar de su indudable alejamiento de los intereses de los andaluces.

El PP, bajo la falsa imagen de la moderación, ha llevado a cabo una política radical que ha abundado la brecha social en Andalucía y una firme política de desmantelamiento de las políticas sociales, sea la sanidad pública, educación, defensa del territorio… sin olvidar una política tributaria en favor de los más favorecidos .

A esa tarea ideológica del PP no le ha fallado el apoyo ortopédico de Ciudadanos, que antes apoyó al PSOE pero que no ha tenido empacho en aportar sus escaños, llevado en andas por la demoscopia amiga y de los medios de comunicación. Se conformó un trío de derechas, con la participación imprescindible de la extrema derecha, para desalojar a un PSOE que había ganado las elecciones .

El electorado y sus intermediarios, la prensa, no parecen, según los sondeos, dispuestos a afrontar de manera crítica el devenir de toda una legislatura. La pobreza parlamentaria ha sido destacable, con la práctica inexistencia de un socialismo sin liderazgo claro, sin saber cómo desprenderse de Susana Díaz y de encontrar un líder que diera réplica a un PP consolidándose. La izquierda a la izquierda del PSOE, a pesar de haber hecho la única oposición destacable, se ha dedicado en este periodo a dividirse, a enfrentarse entre sí, sea en Andalucía o contra la directriz madrileña.

Las elecciones en Andalucía no son para Andalucía, son las elecciones para otros y en ese sentido vicarias. La pelea está en si lo que pase en Andalucía significará algo para la recomposición del poder en España, para saber qué pasa con La Moncloa, para saber de sorpasos, de uniones y desuniones eternas en la izquierda irredenta .

Y, sin embargo, hay alguna esperanza. Quizá los andaluces veamos el peligro. El peligro de ser la gatera de una avalancha de regresión democrática, pérdida de derechos, pérdida de autogobierno. Quizá los andaluces nos tengamos que echar a nuestras espaldas la responsabilidad de que nada irreparable ocurra, ser misericordiosos. Y todo a pesar de la falta de pulso de la izquierda convencional, del infantilismo de la izquierda nueva, del escapismo del PP que no quiere dar explicaciones ni responder de esta legislatura.

El peligro real es que la levedad nos conduzca a una situación en la que la extrema derecha nos vuelva a la predemocracia. De que la gente vaya a votar y corrija a los políticos depende que estos minutos de la basura se conviertan en el reciclaje de una mortecina Andalucía resignada.

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