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Diario de Mallorca

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Olga Merino

Limón & vinagre | Kylian Mbappé (Delantero del PSG)

Olga Merino

Periodista y escritora

Limón & vinagre | Kylian Mbappé: Catarí, que te vi

Mbappé celebra un gol durante el partido de Liga que enfrentó al PSG y el Strasbourg en esta última ciudad el 29 de abril. Patrick Hertzog

Tras la victoria épica del Real Madrid el sábado, en París nada menos, donde el equipo blanco se agenció su decimocuarta Copa de Europa ante el Liverpool, el culebrón con el PSG, aunque nos ha entretenido bastante en los últimos tiempos, se ha ido haciendo chiquito, diminuto, como el guisante debajo de los siete colchones en el cuento de la princesa. Otra orejona al canasto. ¿Estará Kylian Mbappé mordiéndose las uñas?, ¿llegará a conseguir la bota de oro en el club parisino? Qué pesa más, ¿la cartera o los sueños? ¡Ah, menudo dilema! En buena medida, la existencia, desde la cuna hasta la caja, podría resumirse en una triangulación constante entre cabeza, corazón y cojones -con perdón y permiso de Alcaraz-, pero parece que en esta ocasión ha ganado la batalla el pecunio. El parné, la pasta gansa. El money.

En una de las escenas más sobresalientes de la historia del cine, Liza Minnelli, vestida de charlestón, y Joel Grey, maestro de ceremonias del Kit Kat Club, ataviado con frac, chistera y monóculo, cantan a dúo aquella aristada canción que arranca con la estrofa «money makes the world go around, the world go around, the world go around…». Los arreglos musicales colocan aquí o allá un alegre tintineo de monedas, como de tragaperras exaltada, clin, clin, «that clinking, clanking sound». Euros, yenes, dólares, libras esterlinas o riyales cataríes, qué más da. El dinero hace que el mundo gire, y no sería de extrañar que esa melodía hubiese sonado en el casoplón de Mbappé, al oeste en París, en el momento en que concluyó el tira y afloja con Florentino Pérez. Un gatillazo que el mismo presidente se encargó de relativizar tras la victoria («hoy no existe Mbappé»).

Pues nada, fin de la historia. Mbappé, ese crack que dribla cual anguila bañada en mantequilla, lo siente mucho pero se queda tres años más en el Paris Saint-Germain, el club que lo reclutó del Mónaco cuando «todavía no era nadie». Y se queda por un pastizal indecente: al parecer, 300 millones de euros como prima de renovación y 100 millones netos por temporada. Catarí, que te vi. Y en la talega, sus derechos de imagen intactos. Cifras inalcanzables para el Madrid. ¿Cómo va un club a emparejarse con el poder económico de un Estado? Poco importa que en Catar las mujeres no puedan salir de casa sin permiso de padres o maridos. Money money money money money money (imaginen a la Minnelli dibujando oes con las palmas abiertas en el aire).

Al parecer, quien ha cortado el bacalao en el minué de las negociaciones ha sido la madre del delantero, Fayza Lamari, de origen argelino, exjugadora de balonmano, dicen que de carácter áspero, sobreprotectora, abogada de profesión y con un instinto gatuno para las finanzas (cherchez la femme). Lamari es la gestora de la startup familiar llamada KEJWF, así nombrada por las siglas de cada uno de los miembros del clan: K de Kylian, E de Ethan (el hijo menor, canterano del PSG), J de Jirès Kembo Ekoko (congoleño, hermano adoptivo de Mbappé), W de Wilfried (el padre, camerunés, quien llegó como refugiado a Francia en busca de una vida mejor) y F de Fayza, mamá gallina. De momento, al chico van a cortarle en el club un traje a medida: Pochettino ya está haciendo las maletas y podría sucederle lo mismo a Neymar (a la mami no le gustó que el brasileño le pusiera a su cachorro el mote de Donatello, una de las tortugas Ninja).

Como dijo el filósofo, «el fútbol es el fútbol, viejo». Así que, en el fondo del asunto, sorprende la candidez de un Madrid que confió en la palabra dada por el jugador, cuando el mismo Florentino Pérez ha utilizado a menudo la chequera como argumento (una cabeza de cerdo aterrizó sobre el césped del Camp Nou para saludar el fichaje galáctico de Luis Figo). En la decisión última también han pesado la arrogancia de Catar, las desavenencias entre Florentino y el jefe del PSG, Nasser Al-Khelaifi, y sobre todo las presiones de los presidentes Emmanuel Macron y Nicolas Sarkozy, quienes han llegado a convertir la permanencia de Mbappé casi en una cuestión de Estado. ¿Por qué? Probablemente porque el muchacho, criado en Bondy, una ciudad de poco más de 53.000 habitantes, es el héroe de la banlieue, el extrarradio de París, un no-lugar marcado por la precariedad y la marginación, en un país donde no siempre ha funcionado el modelo de integración black, blanc, beur (negro, blanco, árabe). El fútbol como ascensor social. En cualquier caso, el delantero, con 23 años, aún puede permitirse el lujo de seguir soñando con el Madrid y a la vez hacer caja.

Mbappé celebra un gol durante el partido de Liga que enfrentó al PSG y el Strasbourg en esta última ciudad el 29 de abril.

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