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Diario de Mallorca

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Matías Vallés

No es el PP, es Feijóo

La peor noticia de la legislatura para el PSOE ha sido la decapitación del alterado Pablo Casado, y su sustitución por un hombre gris

El PSOE no se mide al PP, se enfrenta a Alberto Núñez Feijóo, el burócrata enaltecido. La peor noticia de la legislatura para el PSOE ha sido la decapitación de su alterado rival Pablo Casado, y su sustitución por un hombre gris pero con imagen de funcionario eficiente. Pedro Sánchez se dispone a estrenar el quinto año de su reinado con la audacia cotizando a la baja. Tras el espadachín que imita a Errol Flynn en cada crisis, el péndulo oscila hacia un gerente fiable. Con el secreto inconfesable de que abrirá las puertas de La Moncloa al caballo de Troya de la ultraderecha sin camuflaje.

El combustible que propulsa a Núñez Feijóo ya encumbró tras una doble derrota a Rajoy, antes de que fuera engullido por la ballena de la corrupción consustancial a su partido. El líder se mantuvo impoluto, porque todo el mundo sabe que «M. Rajoy» no tiene nada que ver con «Mariano Rajoy». Sin embargo, el nuevo gallego de derechas que apunta a presidente del Gobierno se ha mostrado incluso más sibilino que su antecesor. Se ha comportado como el inigualable Mark Rylance en El sastre de la mafia, aprovechando los odios cruzados de los delincuentes que le rodean para imponer sus propósitos insondables.

También Núñez Feijóo ha montado una matanza de proporciones dantescas, para alcanzar la cima sobre la pila de cadáveres. El PP ha sido solo su vehículo, ha sabido esperar como los héroes homéricos de novela negra de Don Winslow. Y encima, se le rinden los números. Qué tiempos aquellos, en que ningún gabinete de opinión serio hubiera otorgado al engendro PP/Vox la mayoría absoluta en una encuesta estatal, lo cual equivalía a la inmortalidad del PSOE por su versatilidad con los nacionalistas en aumento. En las últimas semanas, ninguna encuesta por devota que sea del socialismo deja de recordar que las derechas y ultraderechas tienen el poder al alcance de la mano y el puño, respectivamente.

Desde la llegada de Feijóo, su partido y Vox no solo superan la barrera psicológica de los 165 diputados que salva la investidura por mayoría simple, sino que se colocan en primera ronda con más de 175. Ya solo queda por demostrar que se impone el candidato y no la formación. El auxilio numérico procede de un caladero tan inesperado como el CIS de José Félix Tezanos. El propagandista habitual de las glorias del PSOE acumula ahora hasta un 46 por ciento de los votos sumados por PP y Vox, en posición de mayoría absoluta o en su vecindario.

Además, populares y socialistas andan empatados en el CIS si se contempla el margen teórico de error, lo cual priva a la izquierda de la apelación agónica a la lista más votada. Ya solo queda soportar a los expertos inventando trasvases esotéricos de votos surgidos de sus mentes calenturientas, mientras ninguno acierta a explicar por qué se producen los ascensos y descensos simultáneos de fuerzas vecinas. En sondeos acreditados, PSOE y Podemos bajan conjuntamente el doble de lo que suben PP y Vox, también a la par. La izquierda se evade, la derecha siempre encuentra un nuevo votante.

Conviene felicitar a los prestidigitadores que contribuyeron desde el progresismo a la liquidación de Casado, como si el PP no fuera a sustituirlo o bajo el embrujo de que el caos desdibujaría el empate obligatorio entre izquierda y derecha. Cuando el CIS plantea una pregunta de difícil falsificación como «¿Quién preferiría que fuera presidente?», el veinte por ciento de Sánchez está peligrosamente próximo al 19 de Feijóo. Es muy difícil lograr un margen casi anecdótico entre un gobernante en ejercicio y un aspirante que acaba de llegar, La Moncloa suele arrasar en este apartado.

En el apartado de presidentes favoritos, Yolanda Díaz se estanca en un modesto once por ciento. Es casi la mitad de su registro más esperanzador. En cuanto al vaso medio lleno, por lo menos la vicepresidenta no sigue bajando en el aprecio de los votantes. Díaz Ayuso, malévolamente propuesta por el CIS para moderar el resultado de Feijóo, se queda en un humilde cuatro. Es un serio revolcón para quienes insisten en que Madrid es la única España posible. Los triunfadores en la capital son difíciles de traducir a la periferia.

Las reticencias hacia el presidente del Gobierno en el encuestador estatal se trasladan a la confianza depositada por los ciudadanos en sus líderes. Al 28 por ciento le «inspira mucha o bastante» Sánchez, frente a un 33 para Feijóo que lógicamente merece descréditos menos acusados en las categorías de «poca o ninguna». De nuevo, un gobernante a quien se le arrebata el crédito del cargo en semanas afronta un grave problema.

Se llega así al capítulo decisivo de la puntuación, donde Feijóo (4,9) supera netamente a Sánchez (4,3). Cabe destacar aquí el 5,1 de Yolanda Díaz, aunque sea tan inexacto como las valoraciones anteriores, porque la escala del CIS no tiene su base en el cero sino en el uno. No hay ningún político aprobado, pero el líder del PP a contrapié ya está mejor puntuado que Sánchez, le supera en grado de confianza y casi le iguala como presidente favorito. La izquierda puede aferrarse a la lejanía teórica de las elecciones generales, un argumento tan fiable como una cornisa.

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