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Albert Soler

Limón & vinagre

Albert Soler

Sebastian Vettel, un James Bond en patinete

Es extraño que a ningún guionista de Hollywood se le haya ocurrido todavía que el bueno persiga a los malos montado en patinete eléctrico, cuando es un vehículo que ha demostrado ampliamente su fiabilidad a la hora de atropellar peatones y, por tanto, debe ser útil para dar caza a fugitivos. Las calles de San Francisco, que con sus pendientes han visto persecuciones cinematográficas de todo tipo, serían un gran escenario, con el héroe saltando sobre dos ruedas entre tranvías. El alemán Sebastian Vettel, tetracampeón de Fórmula 1, se ha adelantado a la ficción, y persiguió por las calles de Barcelona -que no son las de San Francisco, pero también acaban en el mar y en su día tuvieron tranvías- a los cacos que le habían robado del interior del coche la mochila con sus pertenencias. Si en las películas, el bueno intercepta un vehículo y mostrando la placa le pide al conductor que le preste el coche para dar alcance a los malos, en la realidad bastó con un «soy Sebastian Vettel ¿me prestas tu patinete?». Y allá que se lanzó el aclamado piloto en persecución de los ladrones, gracias a que en la mochila iban sus auriculares con GPS, de manera que en el móvil de Vettel iba apareciendo la ubicación de los mismos en todo momento. No me digan que no da todo ello para una memorable escena de James Bond.

- ¡Atención! El objetivo se dirige a Plaza de España por el Paralelo. Intentaré interceptarlo cortando por el mercado de la Boqueria- pues sepa el lector que una persecución debe pasar siempre por un mercado, para derribar algunas cajas de lechugas y hacer saltar a un trabajador que trajina una carretilla. A pesar de estar habituado a perseguir a Hamilton y a Verstappen, Vettel no alcanzó a los malhechores, porque estos -seguro que han visto películas de James Bond- se deshicieron de los auriculares, escondiéndolos en un jarrón de una mercería, donde fueron hallados por el alemán en patinete. No es un lugar tan glamouroso como un jarrón de Sevres en un palacio ducal, a donde sin duda hubieran ido a parar de haber sucedido en la gran pantalla, pero ya se sabe que la realidad es bastante más modesta que la ficción.

El vehículo de donde fue robada la mochila era un Aston Martin, con lo que se completan las similitudes con James Bond. Vettel puede permitirse sin duda tal coche, pero la explicación, en este caso, es que compite para este fabricante, y las marcas que contienden en F1 suelen obsequiar a sus pilotos con un automóvil para usar en su vida privada. Si corres para Aston Martin o Ferrari, te aseguras un buen auto, mientras que en Renault se expone uno a que le obsequien con un Clio, y demos gracias a que Seat no participa en F1 y no hay riesgo de terminar al volante de un 600.

Dejar la puerta abierta de un Aston Martin en Barcelona, ciudad donde te pueden arrancar el reloj de la muñeca, ni siquiera se considera arriesgarse a ser robado, simplemente se da por hecho. Cuando un barcelonés se quiere deshacer de un cachivache y no le apetece llamar al servicio de recogida, simplemente lo deja un minuto en su coche con la puerta abierta. Tiene por seguro que, así sea un retrato de la boda de los suegros, el trasto será inmediata y eficazmente sustraído. El competente servicio, con el cual Barcelona provoca la envidia de las grandes urbes del mundo, tiene sin embargo el inconveniente de que no todo el mundo desea que las pertenencias que ha dejado en el coche le sean requisadas por desconocidos. A buen seguro que el equipo de Ada Colau está trabajando para solucionar esta pequeña disfunción.

Si esas cosas ocurren en el utilitario de cualquier hijo de vecino, mucho más en un Aston Martin. La única posibilidad que tenía Vettel de que su mochila siguiera en el asiento del vehículo unos minutos después de que la dejara ahí, era que, al tratarse de un coche de lujo, y siendo estos los más buscados por los amigos de lo ajeno, confluyeran en el momento del hurto dos o tres bandas distintas. Al enzarzarse en discusiones sobre quién tenía el derecho de robar la valiosa mochila, habrían dado tiempo al piloto de regresar y evitar el robo. Esas discusiones suelen llevar bastante tiempo, porque en Barcelona son muchos los que creen tener derecho a robo, y cada uno esgrime jurisprudencia en su favor. En esas ocasiones, suele suceder lo que dice el refrán, y unos por otros, queda la casa sin robar. Del caso Vettel quedará para la posteridad la persecución en patinete, pero más aún la facilidad con que la propietaria del mismo lo puso a disposición del piloto. Tratándose de Barcelona, no ha de tardar en ponerse de moda este método de sustracción de patinetes, tan sencillo como hacerse pasar por un famoso víctima de robo.

-Soy Ada Colau ¿Me prestas tu patinete?

El piloto alemán Sebastian Vettel, a su llegada al circuito de Barcelona-Cataluña, donde se disputó el GP de F1 de España el pasado domingo.

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