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Diario de Mallorca

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Emma Riverola

Duelo en Paquistán

Las parió y las llevó a morir. Encerrada en un cuarto, las oyó agonizar mientras eran torturadas. Al final, un tiro a cada una. Intentó evitar los asesinatos, pero no denunció al principal asesino. Ella también lo había parido. Y ahí, en esa madre, estalla toda la brutalidad del machismo. Solo le queda llorar a sus hijas Anisa y Arooj, quizá también por sus asesinos. Y es difícil imaginar un duelo peor.

Las dos jóvenes víctimas, residentes en Terrassa y llevadas en un viaje-trampa a su país de origen, trataron de romper sus matrimonios forzosos. No querían que sus maridos -sus dos primos- las acompañaran de regreso a España. Soñaban con ser libres, casarse con dos hombres a los que amaban, no convertir su cuerpo en un simple salvoconducto. Fueron ellas las que no volvieron. Le llaman ‘crimen de honor’, y solo es la máxima expresión del machismo. Sobrevuelan esas palabras tan antiguas, tan actuales. Traición, posesión, bodas y sangre. El eco de Federico García Lorca resuena en el Punjab. Solo que ahora se le añaden papeles, migración y trabajo. El asesinato de Anisa y Arooj se produjo en Paquistán, pero también se gestó en Terrassa. Un negro recordatorio de lo mucho que falta por hacer en política de integración.

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