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Diario de Mallorca

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Alex Volney

Desafiar a la evidencia

Pintada

¿Sentado en el banco? Echado un hombre de mediana edad apoyado en un brazo y acostado de lado observando el trajín de cada día, como desafiando a la rutina ajena. Barba y Kipá y con el pulgar y el índice afilando como jugando algún papel muy personal, casi íntimo, en medio del extraordinario jaleo del Born y el inicio del montaje, un año más, de la próxima Fira del Llibre. Este es el panorama.

Y esta será ya la edición que hace 40. Vuelve el clásico, aquello que autores y editores esperan y organizan los libreros. El público da sentido al mismo y ofrece, año tras año, nuevas y viejas tendencias en los hábitos que no hacen, muchas veces, al monje.

Los árboles van vestidos del todo, de gala absoluta, y protegerán una vez más a los miles de ejemplares que en otras latitudes son expuestos al sol y sus perjuicios. El verdor sirve de techo y a una edición más en el fabuloso enclave, antigua desembocadura de Sa Riera. Unos milenios atrás zona de sedimentos de aluvión y de pequeños muelles romanos, casi en cada entrada que afluye al mismo. Campo de liza no hace tanto.

«Vaig començar a llegir…i encara no m’he aturat» es el acertado y curioso lema que nuestras compañeras de gremio han elegido en esta edición tan redonda. Y no puede ser de otro modo pues si dejas de leer dejas de respirar. El cerebro respira por la lectura. Leer y vivir.

Por estos alrededores no somos, para nada, mejores que en el Este de Europa. La alegría e ilusión por el nuevo encuentro librero son una realidad, pero también en un año de esta maldita sombra bélica, esta injusta guerra, sobre sus gentes, un acto de reafirmación cívica. Rusia y Ucrania fabulosos países de Europa hoy en el órdago de la aniquilación del contrario o en la propia autodefensa. Claro que aquí no somos mejores, pero seguimos, de vez en cuando, escuchando al diferente, un acto cada vez más denostado. Leer es empatizar, es escuchar al otro y es, tantas veces, empatizar con tu contrario. El acto de leer equivale a escuchar a tu prójimo aunque las diferencias os separen y por eso, entre muchos más motivos, no dejamos de leer. Puede llegar a ser como dejar de respirar. Leer te permite vivir más vidas a parte de la tuya, pero no dejes que te elijan las alternativas. Busca y encuentra aquella lectura que crees que no existe pero es exactamente aquello que anhelas y está a punto de salirte al encuentro. Leer nos permite vivir más , pues el mejor sinónimo de vida es, precisamente, literatura y por muchísimos motivos.

Entre usted y ese libro se encuentran las libreras y los libreros. Allí estaremos y nuestra única misión es la continuidad de la vida en los libros. Vamos a seguir empatizando.

Estos días alguna periodista preguntaba qué era lo que nos hacía continuar a los libreros y qué sensación teníamos al volver un año más al Born de Palma. Obviamente cada uno tiene la suya. Servidor, además, la sensación que seguimos por un viejo camino ya trazado de tolerancia y de empatía, de escuchar al otro y de conocerlo un poco mejor. De no cerrarse en uno mismo y abrir otras vidas como quien abre un libro y que el libro abierto sea un espejo, aunque este sea stendhaliano, y nos ayude a entender el camino por donde vamos pasando o incluso nos permita creernos un poquito mejores por aquello de seguir debatiendo diferentes culturas, diferentes tradiciones, nuevas pulsiones o dos maneras de ver el mundo. Aunque todo pudiera ser un espejismo.

Antiguamente terreno de lizas medievales. Hoy, diez días al año, seco cauce del fraticidio que se convierte en ágora y exposición de nuevas ideas y tendencias, lugar donde todo es muy posible por unas horas. Escuchar y ser escuchado. Escribir y ser leído. No dar nada por del todo cierto. Desafiar lo incuestionable. Escribir o vivir. Vivir o vivir. Respirar o seguir respirando.

NO A LA GUERRA.

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