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Diario de Mallorca

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Luis Sánchez Merlo

Valeri Gerasimov, el General de cabecera

Autor intelectual de la guerra híbrida

Valeri Gerasimov. REUTERS

Todo parece indicar que la decisión de Putin de crear una estructura de mando única, bajo el mando de Alexander Dvornikov, el «carnicero de Siria», como comandante general en Ucrania no solucionó los problemas con los que se encuentra el ejército ruso desde el comienzo de la invasión: una calamidad logística, estratégica y moral.

Al no haber alcanzado ninguno de los objetivos que se había propuesto antes de lanzar la «operación militar especial», Putin ha vuelto a corregir el tiro, enviando al teatro de operaciones al general Valeri Gerasimov (VG), jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, con un encargo: tomar el control personal de las operaciones, dirigir la ofensiva ‘a nivel operativo y táctico’ y asegurar la victoria.

Se trata de una de las tres personas, junto con el presidente y el ministro de Defensa, que —dentro de la estricta jerarquía que define a la cúpula militar rusa— tiene autorización para activar el arma nuclear. Un militar muy importante para el Kremlin.

Autor intelectual de la doctrina sobre la guerra híbrida, el modelo Gerasimov se basa en una consideración principal: el conflicto moderno difiere significativamente del paradigma de la Segunda Guerra Mundial e incluso del conflicto de la Guerra Fría.

En lugar de las guerras declaradas —estricta delimitación de las acciones y grandes fuerzas convencionales— el conflicto moderno consiste en guerras no declaradas, a base de operaciones híbridas que combinan actividades militares y no militares y fuerzas más pequeñas basadas en la precisión.

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Las malas noticias que sobresaltan al Kremlin alcanzan incluso al máximo responsable militar. La última, convenientemente encriptada para no dar pistas al enemigo, fue dar por muerto, primero y por herido después, a Valeri Gerasimov, tras un ataque ucraniano a la posición rusa en la que se hallaba en aquel momento.

Esa primera visita secreta de VG al este de Ucrania provocó la extrañeza de analistas militares occidentales que consideraron muy inusual la presencia de un oficial de tan alto rango en la línea del frente. Máxime, en un momento de creciente desorganización dentro de las fuerzas rusas, con serios problemas de coordinación y una resistencia persistente.

Alertados de su presencia en la zona de Izium —localidad a 120 kms de Járkov, segunda mayor ciudad del país escenario de intensos combates desde la invasión— las fuerzas ucranianas lanzaron una salva de cohetes contra la School nº12, convertida en cuartel general de las tropas terrestres y las fuerzas aerotransportadas rusas desplegadas en la región.

Entre el indeterminado número de asistentes a la reunión — para supervisar el asalto ruso en el Donbás— no ha habido confirmación rusa ni del ataque y ni del número de oficiales de alta graduación, presentes y alcanzados por la metralla.

Los hechos contrastados: VG habría liderado el ataque a Slavyansk; como consecuencia del ataque ucraniano resultó herido de metralla, en el tercio superior de la pierna derecha sin fractura ósea; sacado de la zona de guerra, junto a otros altos mandos, en un helicóptero militar Mi-8, escoltado por tres helicópteros de ataque Ka-52, con destino a Belgorod —en el oeste de Rusia—donde abordó un avión Tu-154 del Ministerio de Defensa, que voló con destino desconocido, para recibir tratamiento adicional.

Desde entonces, nada se ha vuelto a saber del General de generales, víctimas propiciatorias de los Javelin —misiles antitanque portátiles—gracias a la inteligencia satelital. Con el asesinato en Járkov, el día antes del ataque en Izium, del general de división, experto en guerra electrónica, Andrei Simonov (55), el número total de generales rusos asesinados se elevaría a 12.

Nuevo golpe psicológico para Putin y su urgida campaña de guerra, con anémicos avances, por la mala coordinación entre diferentes unidades y servicios que habría supuesto la muerte de miles de tropas.

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En un informe titulado Las principales tendencias en las formas y métodos de las fuerzas armadas (enero, 2013) Valeri Gerasimov explicaba que las revoluciones de colores y la primavera árabe demostraron que la línea entre la guerra y la paz se ha difuminado.

La observación de las experiencias estadounidenses y europeas en la Guerra del Golfo, la Operación Libertad Iraquí y la intervención en Libia rubricaba que factores políticos, económicos, culturales y otros no militares desempeñan un papel decisivo. De hecho, a su juicio, incluso las operaciones humanitarias deberían considerarse parte de una campaña de guerra no convencional.

La intervención extranjera (tanto abierta como clandestina), el caos, el desastre humanitario son actividades que pueden convertirse en la «guerra típica» de la era moderna, lo que exige una adaptación de las prácticas militares que deben evolucionar para compadecerse con los nuevos métodos.

El General —ahora herido— desarrolló un modelo para la guerra rusa moderna bajo el título: «El papel de los métodos no militares en la resolución de conflictos interestatales». En su doctrina, la guerra moderna se centra en la inteligencia y el dominio del espacio informativo: «Las tecnologías de la información han reducido la brecha espacial, temporal y de información entre el ejército y el gobierno».

Los objetivos se alcanzan en una guerra a distancia, sin contacto. Los niveles estratégicos, operativos y tácticos, así como las acciones ofensivas y defensivas, se han vuelto menos distinguibles. La acción asimétrica contra las fuerzas enemigas es más habitual.

Esta fórmula aplicable a los conflictos modernos contiene elementos de la guerra no convencional ensayada por Rusia en Ucrania y Crimea en 2013-2014.

El modelo de VG contempla seis etapas en el desarrollo del conflicto, cada una de ellas caracterizada por la preeminencia de las medidas no convencionales, pero con una creciente participación militar.

En esta absurda «operación militar especial», la doctrina Gerasimov no se ha seguido al pie de la letra, pero en vísperas del 9 de mayo —aniversario de la victoria soviética sobre el nazismo— Putin puede optar por declarar oficialmente la guerra o cantar una victoria táctica, reduciendo su ofensiva cruel a un alto temporal del fuego.

En la medida en que el actual conflicto se vaya acercando a su resolución, las claves del desenlace quizá pudieran residir en: poner en la mesilla el modelo de su general de cabecera, conformarse con la apropiación de los territorios del Donbás, evitar una guerra larga y olvidarse del abismo nuclear.

En cualquier caso, es una exigencia, moral y existencial, el respeto de la doctrina Powell, «quien rompe la vajilla debe pagarla: no se puede invadir un país y desentenderse luego después de haberlo destruido».

Vamos viendo…

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