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Diario de Mallorca

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Antonio Papell

Andalucía: aterrizaje de Yolanda Díaz

El pluripartidismo en España ha sido una consecuencia de las sucesivas crisis. Cuando nuestro país se sumió en la primera gran falla de la globalización —la crisis 2008-2014—, la ciudadanía consideró, probablemente con razón, que el sistema establecido no había sido capaz ni de prevenir, ni de afrontar ni de resolver la brutal contrariedad, por lo que era preciso dar cancha a otros actores. La teoría del voto útil saltó por los aires, y de dos/tres actores estatales pasamos a cinco o seis. Y la situación de mantiene: aunque PP y PSOE conserven cierta hegemonía, ya dependen también de la voluntad de sus compañeros de viaje a derecha y a izquierda.

En el lado de estribor ha surgido Vox, una homología de la extrema derecha europea, que aquí no es descartada por ahora como compañero de viaje de la derecha y que ya ha formado la primera coalición con el PP. En babor, la lógica democrática impulsó, tras las segundas elecciones generales de 2019, una coalición entre Unidas Podemos y el PSOE, que todavía gobierna con la ayuda de otros grupos nacionalistas periféricos progresistas, a pesar de las discrepancias suscitadas por una fracción de UP.

Todo el hemisferio izquierdo se convulsionó en la segunda mitad de la década anterior con el surgimiento de Podemos, que introdujo el populismo progresista de la mano de dos voces singulares, arropadas por un movimiento inorgánico que orquestó el 15-M (15 de mayo de 2011), las de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Aquella propuesta, más radical y exigente que la de la izquierda socialista, tuvo dudas entre una alineación transversal (Errejón, junto a Carlos Fernández Liria, Luis Alegre, etc.) y radical de izquierdas (Iglesias), y finalmente se produjo una fractura: Errejón organizaba ‘Más País’ e Iglesias se aliaba con Izquierda Unida para formar Unidas Podemos, que incluyó también algunas confluencias de la periferia (los Comunes, de izquierda política y catalanista, y otras fuerzas semejantes en Valencia, Galicia, Euskadi…).

A lo largo de la legislatura, ese grupo de formaciones «a la izquierda de la izquierda», que registró la dimisión de Pablo Iglesias de la vicepresidencia primera del Gobierno y del liderazgo de UP (aunque sin perder la influencia en su organización), ha sufrido diversas fracturas: algunas longitudinales, vinculadas a la disputa por el liderazgo, y otras transversales suscitadas por diferencias políticas. En este pequeño maremágnum, Yolanda Díaz del PCE y por tanto de IU, con cierto reconocimiento de todas las partes, se ha propuesto conseguir la unidad del espacio situado a la izquierda del PSOE, con el ánimo de liderarlo, procurando al tiempo una amplia participación de la sociedad civil.

La primera prueba ha sido superada por los pelos en Andalucía, y ha estado a punto de frustrarse por la irresponsabilidad de los protagonismos en liza, incapaces de cumplir los plazos establecidos. La vicepresidenta ha demostrado su capacidad para situar en la misma órbita al Podemos controlado por Iglesias y a Más País de Errejón, así como a IU, Equo, Iniciativa del Pueblo Andaluz y Alianza Verde, aunque la negociación ha sido tan ardua y tortuosa que ni Podemos ni Alianza Verde han llegado a tiempo para inscribirse como integrantes de la coalición «Por Andalucía», a cuyo frente estará Inmaculada Nieto, por lo que, salvo sorpresa de la Junta Electoral Central, la alianza no tendrá respaldo oficial.

Sí se ha conseguido el principal objetivo que es lograr que todo el mundo ubicado a la izquierda del PSOE consiga unirse en una única representación. Con la conocida salvedad de Teresa Rodríguez, quien se considera tan especial que no cree que su «Adelante Andalucía» pueda caber en este conglomerado. Sí ha ofrecido —menos mal— a la candidata de la coalición «Por Andalucía» un «pacto de respeto y no agresión».

Es inquietante que esta alianza, sin la cual las posibilidades de un gobierno de izquierdas en la comunidad andaluza serían mucho menores, haya estado al borde del abismo por personalismos inextricables. Pero es positivo que el proyecto de Yolanda Díaz haya podido finalmente a arrancar mediante un ensayo previo a la extensión de la propuesta a todo el país.

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