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Diario de Mallorca

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Miguel Vicents

Concesiones para seguir igual

La gran contradicción del verano en Mallorca es la batería de medidas legislativas y acuerdos que el Govern exhibe para minimizar los excesos propios del turismo de masas, mientras al mismo tiempo el crucero más grande del mundo, el Wonder of the Seas, llega al puerto de Palma en su primera escala de la temporada, con sus 237.000 toneladas, sus 362 metros de eslora, tres veces la longitud de la planta de la Catedral, y sus 7.000 pasajeros a bordo. Es como si la promesa política de moderación la arrojáramos por la borda a las primeras de cambio, al comprobar de nuevo que los hechos contradicen a las palabras, a las leyes y a los discursos. Y nos esperan de nuevo tres meses de sometimiento a todo tipo de excesos turísticos, que siempre vuelven sin que ninguna voluntad de cambio pueda variar un milímetro sus impulsos naturales. El ciudadano es el pequeño llaüt que huye despavorido en dirección contraria mientras el coloso de 18 cubiertas que acaba de entrar en la bahía inicia la maniobra de atraque. Sabe que le alcanzarán las olas de su estela, pero no puede interferir en su rumbo, que convertirá hasta el próximo septiembre lo que queda del paraíso en un territorio superpoblado de atascos, saturación en las playas, ruidos a todas horas y el ya sabido catálogo de infracciones de pequeña intensidad en el centro de la ciudad de Palma y en todos los núcleos turísticos costeros. Zonas fuera de la ley, donde el ciudadano queda indefenso y los ayuntamientos no tramitan las denuncias salvo que generen un problema de orden público.

La próxima vez que le hablen de cambio de modelo turístico, de regulación o de decrecimiento, tómeselo como un mal chiste. Mallorca ya no gobierna su propio territorio. Lo hacen los grandes operadores turísticos, que pactan con los políticos ridículas concesiones para que nada cambie.

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