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Diario de Mallorca

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Antonio Papell

Secretos de Estado

Podría pensarse que este país ha descubierto repentinamente que vive en una jungla global en que abundan los depredadores que persiguen nuestras informaciones reservadas. Hace unos pocos días, el Citizen Lab, de la Universidad canadiense de Toronto, alertaba de que numerosos nacionalistas catalanes y vascos fueron espiados a través del sistema Pegasus, mediante escuchas posteriores a la investidura de Sánchez en 2018; tan solo el secretario general de Junts -entonces presidente de la ANC-, Jordi Sánchez, sufrió ese escrutinio con Mariano Rajoy en el poder, en 2017, del 1-O y la declaración unilateral de independencia. Pegasus había sido aparentemente adquirido por el CNI en 2016, en tiempos del general Félix Sanz Roldán como director del CNI.

Cuando este asunto estaba en candelero y hasta se había conseguido formar en el Congreso la Comisión de Gastos Reservados –llamada popularmente de Secretos Oficiales- por el procedimiento de cambiar el proceso de elección, que ahora es por mayoría absoluta-, ha saltado la noticia de que el presidente del Gobierno y la ministra de Defensa han sido víctimas también de Pegasus. Hace aproximadamente un año de tales intrusiones, sin que nadie se percatara de ellas hasta ahora, y se ha señalado que es mucha casualidad que esta información aparezca sobrepuesta a los de los nacionalistas. Cierto.

Es obvio que cualquier conclusión habrá de aguardar a que se reúna la comisión de secretos oficiales, ya que aunque sus deliberaciones son secretas, nadie duda de que nos enteraremos todos de lo que ocurre. O de lo que cada cual dice que ocurre. Pero mientras tanto, lo que parece es que el Estado español sí espió a los nacionalistas cuando estos tramaron vulnerar la Constitución mediante un referéndum ilegal (Sanz Roldán había creado en 2015 una «Unidad de Defensa de los Principios Constitucionales»), en uso de un derecho legítimo e inobjetable si, como parece, todo se hizo con autorización judicial y con arreglo a las dos leyes de 2002 que regula el CNI. Y mientras nuestros espías iban a lo suyo, otros espías de allende las fronteras espiaban a España también mediante el Pegasus y sin pararse en barras: fueron directamente al jefe del Gobierno y a la ministra de Defensa.

En el primer espionaje, cabe confiar en que se haga la luz. No parece fácil de asimilar que el equipo del CNI salga indemne de su fracaso en la protección nada menos que del jefe del poder ejecutivo, que ha durado un año y ha permitido el robo de abundante documentación. El hecho de que Macron, Johnson, Prodi, Michel o el propio Mohamed VI hayan sido víctimas de estas prácticas no mitiga el ridículo de nuestros servicios secretos, que en tiempos de Sanz Roldán tuvieron mucho de sainete (el general perdió más tiempo salvaguardando al rey de sus escándalos de faldas que espiando para los españoles).

Es obvio que no va a ser fácil detectar a estos intrusos ya que el Pegasus y otras varias aplicaciones que se apoderan de los teléfonos móviles aprovechando las vulnerabilidades de los sistemas operativos (Android e iOS) están a disposición de docenas de gobiernos y de innumerables piratas. Apple y Google tienen establecida la compra a hackers profesionales de tales vulnerabilidades, pero pagan precios tan irrisorios que la mayoría de los informáticos optan por venderlas a precios mucho mayores en un mercado negro muy activo. De cualquier modo, si se recurre al «cui prodest» –al a quién beneficia-, se llegará probablemente a sospechar que Marruecos era el país más interesado en conocer nuestras posiciones. Rabat se enteró en horas de la llegada en avión medicalizado de Brahim Gali, líder del Polisario, cuando vino a España a curarse de la covid, y tanto Amnistía Internacional como Forbiden Stories, organizaciones que persiguen y denuncian el juego sucio este mundo sórdido, señalan a Marruecos en muchos otros casos, incluso en el espionaje a Macron. No tiene sentido seguir especulando en este asunto hasta que se tengan todos los datos pero sí lo tiene extremar los cuidados. Hay modos de precaverse contra Pegasus. Y de aquí que esto no pueda zanjarse sin alguna asunción de responsabilidad.

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