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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Hubo otra Margarita Robles

Margarita Robles encarnó la esperanza de la regeneración del Estado, a raíz de la corrupción socialista en el declinar de Felipe González. La entonces responsable de Interior interrumpió los sobornos que compraban el silencio de Amedo y Domínguez, brazos ejecutores del terrorismo de los GAL. A partir del gesto valiente de su colega, Baltasar Garzón tiró de la madeja de la guerra sucia con resultados para la historia. Con posterioridad, el Tribunal Supremo donde milita la actual ministra de Defensa condenó a Supergarzón por prevaricar, al grabar a abogados defensores de la Gürtel con todas las licencias. Cancelado por espiar, valga la redundancia y la paradoja.

Hubo por tanto otra Margarita Robles, antes de la ministra que se declara cómplice entusiasta del espionaje a abogados defensores de independentistas catalanes, en contradicción con la doctrina de su Tribunal Supremo. En Estados Unidos no ha sorprendido la implantación de los virus de Pegasus en España. Tampoco ha asombrado que el CNI de Pepe Gotera y Otilio, que ya hizo el ridículo con Corinna, haya demostrado que F. Ibáñez no es un dibujante de tebeos sino un sociólogo. Washington se ha alarmado por el carácter masivo de la intromisión en la intimidad de abogados, padres y madres de independentistas, con el referéndum ya perdido en el recuerdo pero el juicio en el aire. Decenas de personas en una primera aproximación, solo falta Gerard Piqué. A propósito, las querellas contra la firma israelí no proceden de entidades histriónicas, sino de Facebook y Apple que ven peligrar su negocio.

Margarita Robles era la ministra más valorada por los españoles. Quienes hemos disfrutado de su off the record, apreciamos lo sabrosa que resultaría para el espionaje indiscriminado que solo desea comercializar la indefensión ciudadana. En su reencarnación como hooligan de los atropellos gubernamentales, la muy progresista Robles es más peligrosa para el Estado que los independentistas catalanes, y tan susceptible por ello de ser espiada «con todas las garantías» como los abogados de separatistas. Probablemente ya está hackeada, y como la ministra sostiene cuando afecta a otros, a quién le importa.

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