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Diario de Mallorca

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La tercera vuelta

La tercera vuelta BENOIT TESSIER

Europa se acostó el domingo aliviada: Emmanuel Macron ganaba con claridad la segunda vuelta de las presidenciales francesas (58,54%). En el Hexágono los analistas eran más comedidos: Macron aprobaba la reválida -un segundo mandato-, pero fracasaba en su objetivo político de contener el avance de la extrema derecha. Más de cuatro de cada diez electores han votado por Marine Le Pen: logra su nivel histórico más alto (41,46%), mejora en 7,5 puntos su resultado de 2017 (33,9%) y suma casi 13,3 millones de votos (13,6 millones más de franceses se abstuvieron). Hace dos décadas, en 2002, su padre, Jean-Marie Le Pen, obtuvo solo el 17,8% ante Jacques Chirac (82,2%).

Macron festejó su triunfo en el Campo de Marte, con la torre Eiffel como telón de fondo, y anunció una «nueva era»: «No será la continuidad del quinquenio que se acaba», advirtió. El 12 de abril, dos días después de la primera vuelta, Éric Ciotti, dirigente del sector más derechista del posgaullismo, recuperaba un tuit de Macron de hace cinco años: «Si el FN (el actual RN de Le Pen) está en la segunda vuelta es porque no ha habido resultados. Hay que hacerlo todo para que el país vaya mejor». «Era hace cinco años, pero es tan verdad hoy», añadía Ciotti. El presidente se dispone ahora a corregir el rumbo.

En efecto, Macron no ha sabido aprovechar su primer quinquenio presidencial para reforzar a La República en Marcha (LREM) -el movimiento que creó como una start-up de la nueva política- y consolidar su implantación en el territorio: Los Republicanos (posgaullistas) y el PS, ahora en abierta descomposición, revalidaron sus posiciones en las elecciones regionales y municipales. Tampoco ha logrado que la nueva política entusiasme más a los franceses: el cara a cara televisivo del pasado miércoles entre Macron y Le Pen fue seguido solo por 15,6 millones de telespectadores, la peor audiencia desde el primer debate de 1974.

El problema de Macron no es su competencia técnica, sino su falta de reflejos y de empatía política. Llegó a la presidencia en el 2017 sin haber desempeñado antes cargo electo alguno en un país donde la mayoría de presidentes han sido antes diputados o alcaldes. Esa inexperiencia se evidenció en la crisis de los chalecos amarillos. Sin embargo, en los resultados, sobre todo económicos, su balance está por encima de la media de la UE: el paro ha caído al nivel más bajo en más de una década (7,4%) y el IPC subió en marzo solo el 4,5%.

Macron debe afrontar ahora la tercera vuelta electoral: las legislativas del 12 y el 19 de junio. «La tercera vuelta comienza esta noche», exclamó el domingo Jean-Luc Mélenchon, líder de izquierda radical. Las legislativas servirán no solo para evaluar sobre qué base parlamentaria podrá seguir gobernando Macron, sino también para medir la recomposición del espacio político francés. En el centro, Macron intentará revalidar la amplia mayoría que obtuvo su República en Marcha en 2017 (351 de los 577 diputados). Para ello, deberá ganar más electores del espacio posgaullista (LR, con 136 diputados en la actualidad).

En la izquierda, con la implosión del PS en la primera vuelta (1,75%) y el mal resultado del ecologismo (4,63%), Mélenchon -líder de La Francia Insumisa- intentará sumar el voto útil de las izquierdas y rentabilizar su alto porcentaje del 10 de abril (21,95%). Para ello, propone forjar alianzas con comunistas (2,28%) y ecologistas, pero es reacio a hacerlo con los socialistas, partido por el que fue senador y ministro. Todo ello, en la izquierda y en el centroderecha, deberá hacerse preservando el cordón democrático ante Marine Le Pen: el tradicional desistimiento republicano en favor del candidato mejor situado.

La tercera vuelta marcará la «nueva era» que anuncia el presidente Macron. Su reto será desarrollar su programa de reformas y hacerlo sin acrecentar la doble fractura de su primer mandato: la social, centrada en las banlieues, y la territorial, en la Francia rural, que desencadenó las protestas de los chalecos amarillos. Si Macron fracasa, dada la limitación constitucional de dos mandatos consecutivos, dentro de cinco años, en las presidenciales de 2027, Francia se asomará definitivamente al abismo con el hundimiento de los partidos de la vieja política y sin liderazgos de reemplazo en la nueva política. Entonces sí, la extrema derecha podría ganar la presidencia de la República.

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