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Matías Vallés

Limón & vinagre - Luis Enrique (Seleccionador de Fútbol)

Matías Vallés

Le importas un bledo

Luis Enrique durante una reciente rueda de prensa con motivo del partido de la selección en A Coruña. Cabalar/Efe

El nacionalismo bien entendido empieza por uno mismo. Luis Enrique trabaja por cuenta propia y contra el mundo entero. Por eso puede ganar un Mundial como seleccionador, pero nunca un marquesado como su predecesor Vicente del Bosque. Desde que marcaba goles oportunistas estilo Benzema, a veces a pase milimetrado de Guardiola, intuía que el enemigo no pisaba hierba sino que se escondía cobarde en la grada. El maldito periodista. Solo Pedrerol supo pararle los pies cuando el asturiano era goleador, aunque fuera violando todos los códigos de la prensa para darle una lección con comillas al jugador desafiante.

Luis Enrique es la pesadilla de un asesor de imagen, un seleccionador poco aleccionador. A algún periodista le ha recordado los años de formación en el campo que necesita para igualar su sabiduría futbolística, como si Jeff Bezos no pudiera vender libros con Amazon porque no los escribe. Dicho sea sin desmerecer la sesentena de goles oportunistas estilo Benzema en el Barça, algunos a pase de Guardiola. Llegó al Nou Camp vestido de blanco, en el trayecto inverso de los traidores Figo o Laudrup.

Cuando los periodistas pisábamos el césped, tuve la oportunidad de colocarme a un palmo del jugador Luis Enrique, que de lejos parecía fibroso pero quizás leve. Al contrario, en la proximidad se concretaba el físico que hubiera deseado Aquiles. El seleccionador es culto al cuerpo, un apasionado de la musculatura y la muscultura. En ese momento, lo arranca de su ensimismamiento una pregunta que no ha escuchado y apenas si ha oído. Responde:

-Me importa un bledo.

Y por si alguien interpreta un lapsus de debilidad lingüística, añade que «por no decir otra palabra». Le importas un bledo.

Sangre, sudor y lágrimas en la trilogía heroica de Churchill. Luis Enrique no llora ni suda, sangra directamente. Se erigió en el Ecce Homo ante Italia de la selección española perdedora. Tassotti le partió la nariz en el Mundial USA de 1994, pero el ensangrentado no solo reclamaba al árbitro la falta, sino una medalla al valor que hoy todavía simboliza la época de la desesperanza deportiva. La cuestión procede ahora del periodista Víctor Malo, de Diario Gol. El entonces entrenador del Barça repregunta:

-¿Cómo dices que es tu apellido?

-Malo.

-Pues eso, siguiente pregunta.

Todos tuvimos un profesor como Luis Enrique, que hoy sería expulsado de las aulas y cancelado. En mi caso, el docente se dirigía al alumno como «cretino», aunque a cambio permitía que le llamáramos «gangster» a la cara. El seleccionador no admite la réplica. Desde el banquillo, no ganó nada en la Roma sin Messi y lo ganó todo en el Barça con Messi, una Champions, dos Ligas, tres Copas. Un periodista le pregunta a pie de campo durante su intempestiva campaña italiana, pero lo único interesante es la respuesta:

-Ja, ja, ja, ja.

Ni uno más, ni uno menos, con la pausa suficiente entre jas para remarcar la ofensa.

España entera y enterada compartió en un silencio solidario la etapa atroz de la biografía de Luis Enrique, la muerte a los 9 años de su hija Xana a causa de un cáncer de huesos. Ha sido el pacto de silencio más fructífero de la prensa española durante la transición. Nunca tantos supieron tanto y no dijeron nada sobre los motivos del súbito abandono de la selección. La renuncia a la exclusiva estaba a la altura de la dimensión de la tragedia. Pero el fútbol debe continuar, y el propio entrenador recetó «deporte y familia» para superar la adversidad.

En contra de la leyenda negra, los periodistas somos acomodaticios y entregamos varios principios a cambio del famoso acceso. Sobran los ejemplos de que la prensa estaba dispuesta a hacer concesiones para caerle bien a Luis Enrique. Olvidan que el seleccionador deseaba la confrontación mediática, era su objetivo.

Se alegará que Luis Enrique sabe más que sus críticos. En fin, el seleccionador compara a Pedri con Iniesta tras la eliminación en las semifinales de la Eurocopa a manos de la Italia que siempre se le atraganta. En una rueda de prensa posterior censura al periodista que insiste en la equiparación. Y el character assassination a que somete en público a su inseparable Robert Moreno es demasiado cruel incluso para quienes hemos asistido en platea al destripamiento de Pablo Casado por Isabel Díaz Ayuso.

Es posible que Luis Enrique se esté civilizando, pero que dispongamos de demasiados antecedentes en contra para percibirlo. Su única rueda de prensa apta para todos los públicos precede a los recientes choques en la cumbre frente a Albania e Islandia. El resultado es tedioso incluso para un adulto. Los actores duros no sirven para las comedias de situación.

¿Ganará el Mundial la España íntegramente renovada por Luis Enrique? Italia se ha quedado fuera de Qatar.

Luis Enrique durante una reciente rueda de prensa con motivo del partido de la selección en A Coruña.

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