Opinión
Llull y el lorquismo desde Mallorca
Si hay un acontecimiento literario extraordinario en este Sant Jordi que nos ocupa es esta fabulosa e inesperada novedad. Esa fantástica respuesta ante la moderna civilización repleta de desarraigados, los terribles relieves de los restos del naufragio de una naturaleza hundida bajo los rascacielos. Un clásico de la literatura universal que germinó al mismo tiempo que el crash de Wall Street. El autor acababa de pasar una crisis emocional, eran los años 1929-1930.
El traductor, Miquel Llull, lleva el nombre de su abuelo represaliado. El nombre real es Miquel Flaquer Servera de oficio bibliotecario, documentalista y poeta. Traductor de poesía, hizo importantes incursiones en la Beat Generation incorporándola al catalán. De vocación bibliotecario del Golea, un barco zozobrado cerca de la playa de Cala Mesquida, en su Capdepera natal, el 1931. Brillante seleccionador de libros para la audiencia radiofónica es un outsider conocido en su veteranía en esa red de bibliotecas públicas de Palma que tanto gusta zarandear a ciertos políticos.
Polifacético personaje, ecléctico, Flaquer es hijo de su tiempo y de todas las geografías cuando a literatura o a música se refiere. Parece ser que durante el duro confinamiento, cada cual en su tema, recuperó cierta gimnástica en la métrica que más le gusta y en una muy personal selección. Su amigo Pere Joan Tous, Siurell, coach en lo literario y realmente un curioso personaje entre la península de Artà y la Universidad de Konstanz le alimentó la provocación más genuina, todo un reto en lo más duro de la pandemia: tener el buen gusto de no llevar a cabo ningún dietario del gregario encierro y tras antiguos escarceos, iniciar la íntegra traducción de Poeta en Nueva York al catalán, alentado muy de cerca por el mismo Tous.
Imaginen las calles desiertas en la abortada primavera. Recuerden los centenares de muertos, día tras día, en lo más crudo de la pandemia y estos dos personajes perpetrando la traviesa gesta. Al final firma tímidamente: «versió catalana: Miquel Llull» sin hacer demasiado ruido, situando en el mapa y desde Mallorca la primera traducción al catalán íntegra de esta incursión vanguardista del poeta de Fuente Vaqueros.
Esta novedad lo es por todos los costados. Mientras Lorca no la vio publicada en vida, este «discípulo lejano» de Walter Benjamin la recupera buscando la autenticidad lorquiana, empleándose a fondo, alta fidelidad poética en un volumen que esconde sorpresas como un vinilo de los ochenta.
Flaquer, autor de Ciutat (2006) es afectado de claras reminiscencias beat que tan bien conoce y ha traducido. Son conocidas sus artesanas, artísticas y únicas ediciones hechas a mano en los setentas. Bibliotecario de vocación comenzó el juego de traducir aquellos autores y poemas que a él le hubiera gustado haber escrito y siguiendo ese trazo ha terminado por ponernos en las manos una obra inédita en catalán en su «versión» más leal y cercana a la esencia del poeta granadino.
Lejos de atribuir valores anecdóticos, el prologuista, Josep Tous, asegura que traducir al catalán obras del canon literario castellano es también necesario para apuntalar una lengua y una cultura que va perdiendo presencia social y capital simbólico. Contrasta el surrealismo libre de García Lorca en la traducción de Miquel Llull con Cien años de soledad de G. García Márquez que fue traducida al catalán por el poco convencido Avel·lí Artís Gener en el buen sentido de esa empresa. Parece ser que se obstinó el autor de la misma a que los Buendía hablasen la misma lengua de la Colometa de Rodoreda. Lo mismo atribuiría Josep M. Llompart al autor de La família de Pascual Duarte ante el sentido del trabajo hecho por este colaborador suyo en los Papeles de Son Armadans. Sí, Cela también quería leer en catalán cómo sonaba su obra pionera. Pero bueno… ¿Cela en un artículo de Lorca? ¡Vamonos que nos vamos!
Aquí tienen, después de mucho tiempo, un auténtico acontecimiento editorial y la recuperación espontánea de otra irritable y bien tópica expresión: ¡Qué tiempos aquellos!
Federico García Lorca
Versió catalana:
Miquel Llull
Col·lecció Varoic.
Ed. Documenta Balear.
Novetat Sant Jordi 2022
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