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Matías Vallés

Limón & vinagre - Corinna Larsen (Amante, beneficiaria y víctima de Juan Carlos I)

Matías Vallés

La Familia Real y una más

Corinna Larsen, a su llegada a la gala de los Premios Laureus del Deporte de 2015 en Estoril (Portugal). EUROPA PRESS

Si necesitas un enemigo, procura que no sea Corinna de los múltiples apellidos conyugales y casi Borbón. Se ha erigido en la persona más astuta y maquiavélica de la Familia Real española, salvo algunos conatos de Letizia. Comadrona en cuanto intermediaria o viceversa, cita a Shakespeare en el Hamlet como buena danesa, para concluir textual que «algo huele a podrido en la Casa del Rey de España».

Corinna es la ortodoxia financiera, habla con vocación de propietaria de La Zarzuela, donde fue acogida y vio la máquina de contar billetes en funcionamiento. La Familia Real y una más, perfectamente integrada en el colectivo goyesco, se presenta en todo momento como la gestora eficiente que hubiera puesto orden en la alocada contabilidad palaciega. De hecho, su Rey le ofreció compartir el trono, la novia respondió que gracias pero que mejor se quedaba con el dinero. Hasta 65 millones de euros árabes en una primera estimación, lo mismo que gana un trabajador medio español durante solo 275 años.

Sostiene Corinna atrincherada en sus pómulos que Juan Carlos I la amó con reciprocidad, que fueron una pareja ejemplar desde 2004, que ella rompió el vínculo porque no quería formar parte «de un harén». Sin embargo, y aparte de profesar y confesar su amor, jamás detalla una cualidad del Emérito que justificara la devoción mutua. No homenajea su campechanía, las atenciones numerosas, la ternura ni sus reflexiones chistosas. En los cada vez más abundantes relatos de la amante no existe un solo pilar que cimente la atracción. Por tanto, hasta un adepto a la mindfulness concluirá que estamos hablando de dinero.

A Corinna no la define la belleza indiscutible antes de pagar por desfigurarse, ni el poder de seducción ni la seducción del poder. Le brilla el dinero de un Rey que se creía con cáncer de pulmón, por lo que aceleró las previsiones testamentarias que favorecían a personalidades como ella misma o Marta Gayá, de quien la danesa habla como una colega, como una socia.

Así que un día le preguntaron a la mallorquina por el juicio recíproco, y contestó así:

-Esta ha sido más lista que yo.

Pese a la evidencia, el despechado Juan Carlos I y su ejecutor Sanz Roldán pretendieron tratar a la única amante regia que habla de «modus vivendi» como si fuera Bárbara Rey, valga la redundancia. Solo cabe esperar que timonearan la transición con mejor tino, porque dejar un libro sobre la muerte de Lady Di al alcance de la amante, beneficiaria y víctima del monarca es humor negro en la senda de Esteso y Pajares, que tanto monta.

Corinna es tan inteligente que hay dos. La cara A y la cara B, hacia fuera y hacia dentro, cuando el filosófico Wittgenstein se transforma en el monstruoso Frankenstein. En la imprescindible entrevista de la BBC, en la jugosa de Okdiario o en las confesiones a Ana Romero, se admira a la buena samaritana que atendió solícita a un Rey desvencijado y desahuciado por sus allegados. Un jefe de Estado a quien su propia esposa pretendía derrocar.

Ahora bien, cuando Corinna se pone al alcance de los micrófonos del comisario Villarejo y del único niño que quiso sentarse junto a Aznar en el colegio, o sea Juan Villalonga, se convierte en un arma letal que desgrana los mismos sobornos regios que negaba on the record. La musa se esfuma, y todas las frases acaban en dólares. No hay piedad. Bajo la pretensión de una falsa ironía, Corinna aspiraba a encarnar a los personajes que acusaba a los demás de endosarle. María Antonieta, Wallis Simpson. Vale, pero en las grabaciones inolvidables se metamorfosea en Milady de Winter.

El dinero es la medida de todas las Corinnas. Reconoce que los 65 millones «son muy generosos», pero a continuación presume de haberlos ganado a pulso, restaurando a un monarca y casi a una monarquía. Ahora pasa factura en el paraíso de los procesos por libelo, el Reino Unido.

Le ha montado un coriáceo #metoo a un Juan Carlos que pasará por ingenuo, el pecado que reprocha a su hijo no muy amado. El relato del desamor que siguió al amor monetizado es el guion impecable de una teleserie. Si la mitad de los hechos son ciertos, el romance le saldrá más caro al primer Rey de la España contemporánea que al príncipe Andrés de Inglaterra. En cuanto a los súbditos, pueden preguntarse qué hacía Corinna acompañando al Rey en viajes oficiales a Arabia Saudí. Siempre que lo inquieran en voz baja, para no incomodar a la fiscalía.

Corinna Larsen, a su llegada a la gala de los Premios Laureus del Deporte de 2015 en Estoril (Portugal).

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