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Diario de Mallorca

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Juan José Millas

EN TIERRA DE NADIE

Juan José Millás

Recomponer la cadena

Hay desabastecimiento de productos frescos en el supermercado, pero hay sobre todo desabastecimiento de ideas en la plaza pública. Está rota la cadena de distribución de las ideas, lo que no es raro dada la situación de conflicto moral y penuria económica en la que chapoteamos. En la estación de Atocha, de Madrid, hay dos tipos de aseos públicos: uno de pago y otro gratuito. El de pago cuesta unos céntimos y permanece impecable; el gratuito suele estar sucio. El primero lo explota una compañía holandesa a través de una concesión de ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), empresa pública dependiente del ministerio de Transportes. Si vas de uno a otro (se encuentran cerca), en algún punto del recorrido apreciarás el corte de la cadena de distribución de las ideas. Te darás cuenta entonces de que el Estado se odia a sí mismo. Como consecuencia de ese odio, se privatiza todo, incluido el pis.

Al Estado no le costaría nada mantener limpios los servicios de Atocha. Podría hacerlo, además, con la colaboración de los ciudadanos, pero la opinión que el Estado tiene de los ciudadanos es peor que la que tiene de sí mismo.

En la época en la que Rudolf Giuliani era alcalde de Nueva York, el metro de la ciudad estaba muy sucio. El problema se arregló en unos meses limpiándolo a fondo primero y solicitando después a los usuarios que contribuyeran a mantenerlo limpio. Significa que cuando tú vas por una calle en la que no hay papeles en el suelo, reprimes la tentación de echar el de tu bocadillo. Cuando vas por una avenida en la que nadie escupe, tampoco tú lo haces. Cuando te encuentras un lavabo impecable, tiendes a dejarlo como estaba. No digo que sea sencillo; digo que hay que poner manos a la obra.

Hay una logística de las ideas como hay una logística de los productos de alimentación. La que primero se rompió entre nosotros fue la de las ideas, que no se transporta en camiones, sino que llega a los contribuyentes a través de canales invisibles muy ligados a la educación. Un Estado en quiebra moral debería preguntarse por la opinión que tiene de sí mismo y de las mujeres y hombres que lo componen. Por ahí podría empezar a recomponerse la cadena.

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