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Mercè  Marrero

La suerte de besar

Mercè Marrero Fuster

El esfuerzo

La publicidad e ‘influencers’ tratan de vendernos humo y convencernos de que lograr ciertos objetivos es facilísimo. Menos mal que siempre hay alguien que nos pone los pies en el suelo

Rosalía.

La chica es una influencer. Todo el mundo la conoce y tiene trillones de seguidores. El vídeo dura un minuto. Aparece sin maquillar y durante los siguientes sesenta segundos se aplica correctores, bases, rímel, colorete y finaliza con un aspecto de cine. Ella dice que, con los productos adecuados, todas somos preciosas. También lo dicen infinidad de anuncios. Los hay que proclaman que perder los kilos que nos sobran en solo diez días es posible. Es suficiente con hacer ejercicio moderado, comer sano y darse friegas en los muslos, cadera y barriga con un producto estrella. Me llama la atención un suero dirigido a mujeres menopaúsicas que corrige la flacidez, las manchas, las arrugas y la falta de luminosidad en pocas semanas. Si pudiera, me bañaría en él. Lo interesante es que las mujeres, supuestamente menopáusicas, que anuncian el producto milagroso no tienen más de treinta y cinco años. Otra influencer, que parece la versión femenina de Rambo, propone «cinco ejercicios para tener un culo perfecto» y otros «cinco para tener un abdomen de escándalo». Observo su tutorial y descubro en ella músculos que no creía que existiesen y que, ni haciendo sentadillas durante seis horas seguidas siete días a la semana, percibiría en mi anatomía. Esas milongas deberían estar prohibidas. No solo porque son un engaño y fuente de frustración, sino porque atentan contra una realidad: el esfuerzo es necesario para lograr resultados y, a veces, no resulta suficiente. Las manchas y las arrugas siguen ahí. Y no pasa nada.

Hay estudiantes que empollan la noche antes de un examen y aprueban. Articulistas que escriben columnas en menos de una hora y las bordan. Mujeres a quienes lograr una cita con quien les interesa les resulta coser y cantar. Oradores que no se preparan sus discursos, improvisan y triunfan ante un público entregado. Actores y bailarines que se suben a un escenario y bordan su interpretación, sin apenas indicaciones de la dirección. Músicos que componen éxitos de forma impulsiva, chicas que siempre están elegantes y estupendas o escritores prolíficos que no sufren durante su proceso creativo. Y luego está el resto del mundo. La buena noticia es que, en ese resto del mundo, también se encuentra Rosalía.

Por azares de la vida recalo en El Hormiguero y cazo la entrevista de Nuria Roca a la cantante, horas antes de la presentación de su último disco, Motomami. A pesar de entender poco (o muy poco) sus últimas letras, Rosalía es una tipa que me fascina. Exhala frescura en el tú a tú y sobre un escenario es una bestia. Aunque, por encima de todo, me declaro fan de ella por sus declaraciones sobre el esfuerzo. Tras preguntarle acerca de sus rutinas, la cantante afirmó que va al gimnasio y que entrena su voz a diario. Que pasa muchísimo tiempo escribiendo y apuntando notas aquí y allá. Si prepara un espectáculo, baila 4 o 5 horas cada día y su último disco es el resultado de múltiples jornadas de más de quince horas en un estudio de grabación. Agradecí ese baño de realidad y miré de reojo a mis hijos, que decidieron ir a repasar sus deberes. Pueden tratar de vendernos humo, pero intentar hacer las cosas de la mejor manera posible requiere voluntad, tiempo y dedicación. Y mucho.

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