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Diario de Mallorca

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Saray Encinoso

Saray Encinoso

Periodista y escritora

Las mujeres que soñamos con dar la vuelta al mundo

Ala periodista estadounidense Nellie Bly se le ocurrió en 1888 un tema original para escribir una crónica: dar la vuelta al mundo en menos de 80 días y batir el récord de Phileas Fogg, el personaje de ficción al que dio vida Julio Verne en La vuelta al mundo en 80 días. La primera respuesta que recibió de la dirección del periódico en el que trabajaba fue que era imposible que ella realizara ese viaje sola. Necesitaría un protector y, aunque pudiera ir sin acompañante, llevaría tanto equipaje que le sería imposible cumplir los plazos previstos, porque no podría hacer los trasbordos de trenes de manera ágil.

El periodismo ha cambiado mucho desde entonces. Las redacciones de los periódicos han dejado de estar colonizadas por los hombres porque nuestra progresiva incorporación a las facultades de comunicación ha inclinado la balanza a nuestro favor. Esa transformación, inevitablemente, se refleja hoy en la composición de esos medios de comunicación. En las redacciones las mujeres somos mayoría desde hace tiempo.

Sin embargo, cuando nosotras llegamos a las universidades poco o nada se nos contó de todas las mujeres que nos habían precedido. Ahora que se habla mucho de la importancia de tener referentes me doy cuenta de que nosotras no los tuvimos. Los hombres eran los que iban como reporteros a las guerras, los que ganaban premios Pulitzer, los que dirigían los medios de comunicación. No nos hablaron de Nellie Bly, pero tampoco del trabajo que hicieron Marie Colvin o Carmen Sarmiento para contarnos el mundo. El periodismo era de ellos.

Compartir los años de carrera universitaria y redacción con muchas compañeras puede hacernos olvidar que, a pesar de nuestra masiva incorporación a la profesión, todavía queda un largo camino por recorrer. La consultora Planner Media elaboró en 2018 y 2019 dos estudios sobre la presencia de la mujer en el periodismo de opinión en España. Una de las conclusiones de la primera edición de ColumnistAs fue que, a pesar de todas las conquistas, la mujer seguía teniendo una presencia minoritaria en las columnas y tribunas de opinión de los diarios de información general de nuestro país. Un año después, las conclusiones del estudio no habían variado mucho. Nuestra presencia seguía siendo escasa: firmábamos el 21% de las columnas mientras que ellos escribían el 79%.

Ese desequilibrio se refleja también en el reparto de funciones dentro de las redacciones. El acceso de mujeres a puestos directivos en los medios de comunicación es muy limitado. No es una apreciación subjetiva a la que haya llegado durante mis 16 años de ejercicio profesional en los que apenas he tenido jefas; es una realidad que constata cada año la Asociación de la Prensa, y que deja por escrito en los informes que publica sobre el estado de nuestro oficio. La brecha entre hombres y mujeres se incrementa cuando se trata de puestos de mayor responsabilidad, donde hay un predominio evidente de los hombres.

Donde hay más jefas es en puestos de comunicación que se encuentran lejos de las redacciones. El periodismo lo deciden en su mayoría los hombres; nosotras nos acabamos decantando más por desarrollarnos profesionalmente en labores de comunicación. Una vez más es un hecho que puede verificar la experiencia, pero también los informes de la Asociación de la Prensa, que detectan un peso mayor de las mujeres en empleos de comunicación frente a puestos eminentemente periodísticos. ¿Somos mayoría en estas tareas porque lo hemos decidido así o porque conciliar la vida familiar y profesional es más sencillo si trabajas en un gabinete de comunicación y puedes flexibilizar tu jornada y lugar de trabajo?

El periodismo y la comunicación tienen sus singularidades, pero no son ajenos a todos los obstáculos a los que se enfrentan las mujeres en cualquier ámbito laboral en el que se desarrollen. Los tiempos cambian, pero todavía hoy las mujeres optan más por empleos a jornada parcial o solicitan más excedencias para cuidar a hijos o familiares mayores. Combinar esas responsabilidades que tradicionalmente se nos han asignado con largas jornadas de trabajo y horarios flexibles puede ser una de las razones que explique que las mujeres acaben accediendo en mayor medida a cargos en gabinetes de comunicación de empresas e instituciones y abandonando el periodismo activo. Pero seguramente no es la única. La falta de reconocimiento y la ambición profesional -que no es patrimonio de los hombres y también buscamos las mujeres- pueden ser otros argumentos válidos.

Esas explicaciones no caben en ningún estudio. Como tampoco puede medirse la coraza con la que nos defendemos del mundo cuando ocupamos cargos de responsabilidad. Quizás es casualidad, pero en mis años de trabajo he tenido siempre la sensación de que a las mujeres que llegaban a jefaturas se les exigía reivindicarse mucho más que a sus compañeros varones, y ello tenía un efecto en su propia personalidad. Siempre me he preguntado si a las mujeres se nos exige tener más carácter para llegar lejos profesionalmente, como si solo pudiéramos ejercer un tipo de liderazgo si queremos avanzar.

También me pregunto hasta qué punto la presencia por cuotas de mujeres en espacios de comunicación -mesas redondas, debates televisivos- no merma nuestra autoconfianza. Soy partidaria de que se fuerce la paridad en ámbitos en los que no hemos logrado una distribución equilibrada por género y creo que todas estas medidas para promover la presencia de mujeres son necesarias, pero reconozco que, al mismo tiempo, me hacen sentir que no siempre soy valorada por mis propios méritos. Hay quien se resiste a entenderlo, pero las mujeres no queremos ser víctimas; a lo que aspiramos es a no tener más obstáculos que ellos, a competir en igualdad de condiciones.

A lo largo de mi carrera profesional he compartido redacciones y/o gabinetes de comunicación con mujeres que han desarrollado, y siguen desarrollando, un trabajo excelente. Me quedaría sin espacio si tuviera que nombrarlas a todas. Me he sentido apoyada y ayudada por muchas mujeres estos años, pero, sobre todo, he sentido orgullo al ver cómo enriquecían el oficio que tanto quiero. Ellas hacen mejor esta profesión, porque continúan derribando estereotipos dentro de su espacio laboral y porque, además, contribuyen a mostrar un mundo más igualitario, donde las mujeres son merecidas protagonistas.

Por cierto, Nellie Bly dio la vuelta al mundo. Lo hizo en 72 días, ocho menos que el récord ficticio que había fijado Julio Verne.

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