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Diario de Mallorca

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Antonio Tarabini

Entrebancs

Antonio Tarabini

El futuro no está escrito

Hace escasamente quince días el estado de ánimo de la ciudadanía de nuestra Comunidad mostraba cierto optimismo, porque después de múltiples confinamientos y restricciones, la Vacuna mostraba su eficacia en la lucha contra la Epidemia, que había afectado a nuestra convivencia en el ámbito personal, sanitario, político, social, económico.

Con el control de la Epidemia se abría la posibilidad de recuperar nuestra actividad turística, se mostraban síntomas positivos en la demanda que incluso podrá iniciarse en la ya próxima Semana Santa. Se habían prolongado los ERES y el status de Fijos Discontinuos. El marco de la nueva Ley del Turismo y de los Fondos Europeos podían reconvertir y diversificar nuestro producto apostando más por la calidad (no confundirlo sólo con la clientela de lujo) que por la cantidad. No todos los agentes turísticos se lo creyeron (ni se lo creen), pero sí una parte significativa.

Pero el castillo de naipes se nos ha caído en menos de dos semanas. La invasión militar de Ucrania por parte de Rusia, dirigida por V. Putin y sus ejércitos, que parecía un paseo militar, se ha convertido en una autentica sangría de personas y de bienes, con repercusiones políticas, sociales y económicas de ámbito global. La ONU se mueve; la UE se ocupa y preocupa; la OTAN sobreactúa; el FMI y los Bancos Centrales muestran sus inquietudes; las Bolsas suben/bajan; las Multinacionales se «desplazan». Más de 2 millones de ciudadanos/as de Ucrania están huyendo de su casa, de sus familiares, de sus entornos.

Balears, aunque seamos una realidad pluriinsular, formamos parte de realidades más amplias (España, Unión Europea…). Globalidad más intensa que otras realidades, simplemente porque nuestra principal actividad productiva es la turística. Somos el destino turístico de millones de visitantes especialmente de ámbito europeo; sin obviar la presencia de múltiples empresas de titularidad mallorquina en destinos turísticos tales como el Caribe y Centro América. Expuesto lo cual, la repercusión de «la actuación» de V.Putin repercute directa y gravemente a la actividad turística. Los costes aumentan: gasolina, gas, electricidad, mantenimiento establecimientos, materias primas básicas. Los precios, en pura lógica, tendrán que subir (Luz, petróleo, gasolina, gas....).

La otra cara del «producto» es el cliente, animado de nuevo a viajar. Balears como destino turístico, casi domesticada la pandemia, mostraba síntomas muy positivos de reactivación en base a las reservas de vuelos y estancias. Pero también, según un medio de comunicación, el índice de reserva ha disminuido un 40%. Pero según opinión de asistentes a la Feria Turística de Berlin (ITB) la demanda hacia Balears está viva, incluso se nos considera como destino «refugio». En cualquier caso deberán revisarse los precios no sólo de los establecimientos hoteleros, sino también de la denominada oferta complementaria. Y con especial atención al transporte: el aéreo (las conexiones son básicas), los taxis, coches de alquiler, el convencional…Según el Presidente de la Cámara de Comercio de Mallorca «la guerra ruso-ucraniana ha distorsionado todas las previsiones en cuanto a la contención de precios por el proceso inflacionista provocado por aumento de los combustibles, de ahí que la línea ascendente seguirá hasta el final del verano e, incluso, se puede prolongar hasta principios de 2023».

Delante de tal gravosa situación «es necesario plantearnos ideas y actitudes para hacer frente a la pospandemia. Quizás empiece a ser necesario (¿urgente?) pensar en un futuro abierto, no limitándonos a intentar recuperar los años turísticos «exitosos» de la prepandemia (2018/19), creyendo que el coronavirus ha sido un mero accidente a punto de superarse». No son pocos los expertos y grupos empresariales relevantes que ponen en duda que la salida a la crisis turística sea el regreso a los movimientos masivos de «turistas», donde el «precio» era (¿es?) decisivo en los meses clave de temporada alta (incluyendo una cierta ampliación). Ahora tenemos la oportunidad y la necesidad de reconvertir nuestro modelo productivo basado en una actividad casi exclusiva de servicios, concretada en un turismo estacional y masivo. Ha llegado el momento de diversificar nuestra economía y sistema productivo. Impulsar sectores como las energías renovables, la industria verde, el reciclaje o la gestión y cuidado de nuestros espacios protegidos, pueden servir para generar productos y empleos, «diversos» también en el sector turístico.

De modo sintético me refiero a tres inputs de máxima referencia que serán motivo de futuras colaboraciones.

Nuestra participación público/privada en los Fondos UE (‘Nex Generation’) se refiere a reformas estructurales; no al inicio de una «nueva» (?) normalidad, que suponga (o no debería suponer) el regreso al modelo productivo basado en un casi «monocultivo turismo que no tiene ni presente ni futuro; que además de ser insostenible nos hace vulnerables».

No quiero pasar por alto la subida espectacular de nuestra inflación (el coste de la vida) un 7,55%; mientras los salario aumentan un 2%. De Noviembre de 2020 a 8 de marzo de 2022, el 64% de los productos de la cesta de la compra han subido un 20%. Ejemplos simples y cotidianos; el: aceite de oliva de 3,40 a 4,75; el arroz de 1,20 a 2.20; un kilo de chuletas de cerdo de 3,90 a 6,95. Suma y sigue. Miles de ciudadanos colapsan gasolineras y supermercados por los altos precios y el miedo a la escasez.

El Presidente del Gobierno ha presentado en el Congreso de los Diputados un Plan Nacional de Respuesta al Impacto de Guerra, en el que incluye la propuesta de un «pacto de rentas entre los agentes sociales para aportar estabilidad y evitar caer en una espiral inflacionista». Pacto de Rentas que no sólo deberá afectar a los salarios.

Nuestro futuro no está escrito, pero sí tenemos los mimbres necesarios para construir nuestro futuro.

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