Celebramos hoy un nuevo 8M. Recordamos el camino que queda todavía para alcanzar una igualdad real entre hombres y mujeres, que todavía quedan techos de cristal por romper, brechas que superar y actitudes que desterrar. Recordamos también que cada año siguen siendo asesinadas mujeres a manos de sus parejas, en Balears y en toda España. Porque de esto trata el 8 de marzo y de esto trata el feminismo. El feminismo comprometido y de verdad. Así lo entiendo y así lo define la Real Academia de la Lengua: «Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». Ni más ni menos.

El feminismo no va de talleres de pancartas, de campañas contra el color rosa, de desdoblar la lengua hasta el ridículo, ni del uso interesado que en demasiadas ocasiones trata de hacer cierta izquierda y que llega a provocar rechazo. Todo ello sólo es parte de la desconexión de esa izquierda desde sus búnkers con los retos reales de la igualdad y del feminismo. Por ello, en el día de hoy, creo necesario reivindicar que el feminismo es cosa de todos. De todas, pero también de todos, con independencia de partidos.

Porque el feminismo no va de izquierda o derecha. No es feminismo cuando se mira hacia otro lado con la explotación de menores tuteladas. No es feminismo cuando la vicepresidenta de Compromís, Mónica Oltra, obstaculiza la investigación sobre los abusos a una menor. Ni es feminismo el silencio mientras, desde algunas tribunas, articulistas utilizan un embarazo para atacar a una mujer, sólo porque sea del Partido Popular.

Precisamente, la maternidad sigue generando las principales desigualdades entre hombres y mujeres. Si persiste la brecha salarial y registramos la segunda mayor tasa de paro femenino de Europa es porque con la maternidad son ellas quienes renuncian a sus carreras, son ellas quienes piden excedencias y reduccciones de jornada. Y toca ser muy claros al respecto: no hay igualdad ni libertad para las mujeres sin independencia económica.

Por ello, y porque, como digo, el feminismo es cosa de todos, el sábado me comprometí con medidas pensadas especialmente a facilitar la corresponsabilidad si gobierna el Partido Popular: garantizar la gratuidad de la educación de 0 a 3, tanto en escoletas públicas como privadas; así como apoyar a las familias con una nueva deducción por nacimiento desde los 800€ por primer hijo, o con la ampliación de las deducciones por extraescolares, comedor o cuidados, con especial impacto en las familias jóvenes y en las monoparentales, que, tampoco nos engañemos, son mayormente monomarentales.

Porque nos atañe a todos, con independencia de ideologías, y lo debemos hacer juntos. Como portavoz de Igualdad del Partido Popular en el Congreso, así lo he hecho. Cuando se trata de tomar medidas reales y efectivas es cuando nos encontramos todos. El Partido Popular ha apoyado hasta cuatro leyes que suponen avances en igualdad, sin importar el color del Gobierno, lideramos el Pacto de Estado contra la Violencia de Género y me satisface también haber logrado romper el tabú de la pérdida gestacional, aprobando por unanimidad una baja remunerada por duelo perinatal.

Que todo el mundo tenga claro que nadie ni nada nos va a apartar ni a mí ni al Partido Popular de ese camino. Defenderemos la igualdad real para garantizar la libertad de las mujeres, de todas. Para que sean libres. Libres y valientes.