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JOrge Dezcallar

China ante la crisis de Ucrania

No está claro a qué juega China pero apuesto a que está bastante incómoda con lo que Putin está haciendo en Ucrania, y aún más porque las intenciones finales del ruso siguen siendo una incógnita.

En principio cabría suponer que las dos potencias autoritarias deberían alinearse y así parecieron confirmarlo Xi y Putin cuando se encontraron en Beijing en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno y se opusieron «a más ampliaciones de la OTAN», a la que pedían que abandonara la «mentalidad de guerra fría», al tiempo que también se manifestaron contra «la formación de bloques cerrados y de campos enfrentados en el área del Indo- Pacífico», que describían como «intentos de fuerzas externas de socavar la seguridad y la estabilidad en sus regiones adyacentes comunes». Eso le hizo exclamar algo después al secretario general de la OTAN que «lo que estamos viendo es que dos potencias autoritarias ... operan juntas». Pero en aquellos momentos Rusia no había invadido Ucrania.

Desde entonces y a medida que la situación se calentaba China por un lado acusaba a la OTAN de causar la crisis, en contra de toda evidencia, y al mismo tiempo exigía que la diplomacia se impusiera a la guerra. Xi le dijo a Macron que «las partes concernidas deberían buscar un acuerdo político y una solución ... por la vía del diálogo», algo que repitió unos días más tarde el ministro de Exteriores Wang Yi, para el que los acuerdos de Minsk de 2015 «eran el único camino» para resolver el problema. Lo que pasa es que se ha quedado sin camino porque tras el reconocimiento ruso de la independencia de Donetsk y Lugansk y el posterior ataque militar esos acuerdos están muertos.

Y eso hace pensar que China está muy incómoda por varias razones:

En primer lugar Rusia es su aliado natural contra los EE UU y el sistema democrático multilateral que respaldan para gobernar el mundo. Además hay buena química entre Xi y Putin y las relaciones entre sus países se han desarrollado mucho en los últimos años.

Pero, en segundo lugar, si ahora China ayuda a Rusia a capear las sanciones occidentales incurrirá en la cólera de europeos y americanos sin beneficio por su parte. El mercado europeo es el más importante para China, que también tiene intereses en Ucrania porque este país se adhirió hace tiempo al programa de la Ruta de la Seda. Ganar a Rusia (que ya la tiene) a cambio de perder a Europa es mal negocio.

En tercer lugar China tiene problemas en Xinjiang, Tíbet y Hong- Kong y para ella el respeto del principio de integridad territorial es fundamental. Por eso no ha reconocido la anexión rusa de Crimea. Hace sólo unos días que Wang Yi reiteró el respaldo chino a «la soberanía, independencia e integridad territorial de cualquier país», añadiendo que «Ucrania no es una excepción». Más claro, agua.

En cuarto lugar la agresión rusa en Ucrania distrae a EE UU de Asia, algo bueno para China, pero al coste de un cierre de filas, sin fisuras, entre Europa y los EE UU y eso es una mala noticia para Beijing. Supongo que le ha sorprendido y que tomará buena nota si pretende hacer algo en Taiwán.

En quinto lugar la crisis ha producido subidas en los precio del gas y del petróleo que China consume en grandes cantidades, y también incertidumbre en los mercados bursátiles, algo que no es bueno para nadie y tampoco para China. Si Ucrania no exporta trigo será otra noticia mala.

En sexto lugar, si China apoya a un agresor que viola fronteras los países asiáticos pondrán todos sus barbas a remojar, desde Japón hasta la India, pasando por Australia y los países ASEAN y se acercarán a Estados Unidos en la gran pugna que se avecina. Tampoco es buen negocio para Beijing.

Por eso China se debe encontrar muy incómoda, sin poder dar la espalda a su aliado natural, el país con el que comparte una misma visión de gobernanza global, pero sin poder tampoco sancionar una invasión que va contra sus principios e intereses. China hubiera preferido que Rusia no invadiera Ucrania. Hay que ser buen funambulista para caminar por ese fino alambre sin pegarse una costalada... y aún queda mucho cable por delante.

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