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Diario de Mallorca

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Antonio Tarabini

Entrebancs

Antonio Tarabini

La pospandemia: mejoran las perspectivas, pero…

Se perciben síntomas positivos de progresivo control de la sexta ola de la pandemia, incluida la variante ómicron. Aunque no podamos lanzar las campanas al vuelo. Véase el brote de salmonela, originado en una granja española con 272 afectados y dos fallecidos, que parece estar bajo control e investigación de la UE. La epidemia ha puesto de relieve los valores y los déficits de la Sanidad Pública, ha modificado algunos de nuestros modos de relacionarnos, e incluso de nuevos «métodos» profesionales/laborales (vgr. El teletrabajo). Y también ha afectado a nuestra estructura económica y productiva basada fundamentalmente en la actividad turística que tocó fondo el 2020/21. En estas líneas voy a referirme exclusivamente al estado de ánimo de los/as ciudadanos/as, a sus perspectivas de mejora (o no) y desarrollo (o no) de los factores laborales/profesionales a corto, medio y largo plazo, que repercuten (positiva o negativamente) en nuestros niveles de vida cuantitativos y cualitativos.

Desde que se detectó la presencia del virus (marzo 2020) con el primer confinamiento, la Fundació Gadeso centró su investigación en detectar los diversos «estados de ánimo», analizados por sexos, edades, clases sociales… frente a los efectos positivos/negativos de la instalación del virus entre nosotros/as. «Con matices, las percepciones de abril 2021 (QG 396) eran negativas: «pesimismo, incerteza, desconfianza» y epítetos similares». En la última investigación de febrero 2022 (QC 415) «mejoran las perspectivas, pero….» con ciertas reticencias. Las principales preocupaciones son similares, pero con diversa intensidad. Lo que más ocupa en el presente febrero 2022 (51%) y también en el pasado abril 2021 (73%) es la inestabilidad laboral. El paro inquieta pero con índices inferiores. En el momento presente (47%) muy inferior a abril 2021 (71%).

En realidad en ambos casos posicionan en jaque/mate al modelo productivo vigente: actividad temporal (máxima actividad la temporada alta), lo que implica una contratación intensiva y de baja cualificación, con tendencia a la precariedad en plena temporada; y al paro y sin actividad (fijos discontinuos) en temporada media y baja. A modo de ejemplo muy significativo reproduzco las profesiones más contratadas (Conselleria de Model Económic, Turisme i Treball): Camareros, personal de limpieza, vendedores, albañiles, ayudantes de cocina… Como es lógico tal situación ocupa y preocupa con mayor intensidad a los segmentos sociales medios/medios, medios/bajos, y bajos; sin pasar por alto a los jóvenes. Para una mejor comprensión, en la portada de QG 415 se incluyen las tipologías propias de las «novedosas clases sociales» (baja, media/baja, media/media, media/alta, alta) donde se vislumbran retos y asignaturas pendientes.

Expuesto lo cual, parece que las perspectivas de demanda turística en la próxima temporada son positivas. Lo cual no debería ser óbice para «modificar» nuestro actual modelo de productividad y competitividad en base a cambios estructurales que exijan nuevos profesionales en pro de un modelo económico sostenido y sostenible a corto, medio y largo plazo. Nuestro planteamiento debería ir más allá de superar los índices del 2019. No es casualidad que Thomas Cook, entre los agentes turísticos mas exitosos que basaba sus éxitos en la «cantidad y el precio», quebrase precisamente en 2019. Está por ver si sabremos aprovechar los fondos de la UE (News Generation) para modificar nuestras estructuras socioeconómicas.

No es ningún secreto que nuestro modelo económico se basa en el turismo y, en consecuencia, de la llegada de visitantes tanto de España como del extranjero, en especial estos últimos. La más que probable recuperación del mercado exterior y el aumento de la ocupación, debería revertir la inestabilidad y precariedad laboral a partir de la aplicación de la Reforma Laboral aprobada por Patronales y Sindicatos. Por su parte, tal como se analiza en el Quaderns Gadeso 415 (Febrero 2022) es una realidad que la actuación del Gobierno de Francina Armengol sea mejor valorada que la del ejecutivo central, a pesar del descontento de determinados segmentos políticos, sociales y empresariales, por determinadas restricciones y la nueva Ley de Turismo.

Las percepciones del presente y a medio plazo, reflejadas en este número de nuestra revista, corresponden a un momento concreto. Justo es decir que la situación sociopolítica española vive y convive, en un proceso de cambio estructural, especialmente en el ámbito de las relaciones laborales, con la aprobación de la reforma laboral, lo cual, como se ha visto, ha contribuido a aumentar la polarización de la escena política en nuestro país. El hecho de que la mencionada reforma se haya pactado entre patronal y sindicatos, con el beneplácito del gobierno PSOE/UP, ha puesto de manifiesto la fragilidad de los apoyos dentro de cada uno de los bloques políticos. La Reforma Laboral, junto con el aumento del SMI y de las pensiones, son caballos de batalla electoral del partido del gobierno. Pero a su vez se tendría que entender como una reforma destinada a mejorar la vida de las personas y no convertirla en arma arrojadiza con la cual proteger intereses partidistas y/o territoriales. La Mesa de Diálogo Social (Govern, Patronales y Sindicatos), que se inició en Baleares y se ha extendido en el estado español, constituye un elemento clave para impulsar medidas en positivo. Se entiende que en democracia son necesarias las discrepancias, pero no usadas como un continuo poner palos a las ruedas. Algunas argumentaciones, como la de que el aumento del SMI generaría paro, se han demostrado irreales y que sólo responden a la voluntad de algunos partidos de crear confusión y confianza hacia la actuación, mejor o peor, del ejecutivo central y/o Autónomo.

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