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Diario de Mallorca

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Ala parte británica de mi familia, con la que, a los efectos de lo que aquí se comenta, me identifico por completo, le habría parecido muy lógica la confusión de la congresista republicana estadounidense Marjorie Taylor Greene quien, atacando a la presidenta de la Cámara Baja de Washington, la demócrata Nancy Pelosi, acusó a ésta de tener una policía del gazpacho. Parece que quería decir de la Gestapo.

Cuando se abusa del ajo, que es casi siempre, el gazpacho tiende a adoptar modos imperativos y diabólicos, que imagino que es lo que tenía en la cabeza la señora Greene al referirse a la policía nazi cambiándole el nombre por otro más culinario. Pero lo crucial es lo que la congresista republicana habría visto, o imaginado, en la actuación de la policía federal para recurrir a metáforas tan violentas. Eso se descubre al dar con la pertenencia de Marjorie Taylor Greene al movimiento conspirativo y nada clandestino al que llaman QAnon, identificado con la extrema derecha norteamericana y entregado en cuerpo y alma a defender a Donald Trump contra la trama secreta de pedófilos, liberales y sionistas que amañaron las elecciones para que ganase Biden. No contentos con eso, los de QAnon llenan las redes sociales con predicciones apocalípticas a la vez que se expanden por otros países con la intención, por ejemplo, de que Trump cree en Alemania el IV Reich basándose quizá en la sospecha, difundida también por QAnon, de que Angela Merkel es nieta de Adolf Hitler. Aunque no termino de ver en ese asunto la relación de causa a efecto, hay que reconocer que como bandera a seguir resulta bastante espectacular.

Los medios se han centrado en la anécdota, como no, en vez de en la esencia al acusar a la congresista Greene de un error semántico dando a la Gestapo por una sopa andaluza. Qué duda cabe que se trata de una confusión del todo lógica por parte de quien odie las altas concentraciones de ajo, la subordinación a las SS, los uniformes negros o todo a la vez. Lo que habría sido imperdonable es haber pasado desde la policía secreta a la paella o a las fabes con almejes. Recurriendo al gazpacho, la militante de QAnon se aferra a la lógica de enunciados, así que del episodio de la confusión sólo queda por analizar respecto del mundo que estamos construyendo el hecho de que los afiliados a grupos conspirativos lleguen con toda facilidad a ganar un escaño en cualquier congreso de los que hay en todo Estado democrático, porque los equivalentes de Greene y QAnon existen por doquier en distinto grado y con muy diversos pelajes. Basta con repasar la forma como el negacionismo —pasando desde la consideración de que la Tierra es plana a la idea mucho más eficaz de que las vacunas cambian nuestro ADN— apoya incluso desde dentro de los gobiernos los disparates más feroces. No sé cómo no han difundido todavía que en Gran Bretaña el ajo será obligatorio a la hora del te.

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