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Diario de Mallorca

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Luis Sánchez Merlo

Hasta aquí hemos llegado

La necesidad de autocrítica de los vencedores electorales en Castilla y León

Casado respalda la apuesta de Mañueco por "un gobierno fuerte, estable y en solitario" EP

Confirmada la fragmentación del centro derecha, a la vista de los resultados castellanoleoneses: pírricos de los populares (+2), indiscutibles de la derecha radical (+12), mortuorios para Cs (-12) y recentales (+7) para las formaciones de provincias, mal llamadas, vaciadas.

Si completamos el cuadro con el descenso significativo de los socialistas (-7) y sus socios de coalición (-1), tendremos la foto que descubre factores asintomáticos que siguen latentes en la política española.

El zigzagueo de la esperanza liberal dando aliento a sospechosas mociones de censuras de supervivencia -Murcia, Madrid, Valladolid- animadas por quienes tienen pendiente el viaje al centro y la borda lista para desembarcar a los actuales compañeros de viaje que intercambian decretos, leyes y presupuestos, con golosinas que aceleran el deterioro institucional del Estado.

El cambio de discurso en la moción de censura de Vox, «hasta aquí hemos llegado», solo se vio aliviado por el éxito de la reina de corazones. A partir de ahí, guerra abierta y sorda con la susodicha, silencio espeso, los proverbiales errores de fábrica y falta de persuasión para hacer una oposición útil. Lo sentenció Aznar: «El tema no es ‘que vaya no sé quién a la Moncloa’, sino ‘para hacer qué’».

Unas encuestas placenteras -pronto impugnadas torpemente por las oficiales al servicio del Gobierno- empezaron dibujando un escenario soberano: bordear la mayoría absoluta, revalidar la Junta, gobernar sin ataduras, primera victoria del líder popular y rebaja del desabrimiento doméstico, que sigue vivo.

El conflicto -frío y duradero- ha resultado más provechoso para la chamberilera, «una sensación en cada acto», que ya demostró con su «landslide», que el liderazgo importa y que ambos objetivos -vencer con claridad y cohabitar- son posibles.

En una comunidad -supuestamente cautiva- donde el PP gobierna de manera ininterrumpida desde 1987, el panorama idílico de los sondeos animó a apuntalar dos empeños: vencer a los socialistas y dejar claro quién manda en la derecha.

Pero, buscando emular la fórmula que tan buenos réditos proporcionó en Madrid, la confrontación del candidato popular contra el mero no funcionó en Castilla y León (CyL). El candidato socialista, que lo tenía «a huevo», solo con denunciar incumplimientos de 35 años, se limitó a la despoblación, el cierre de consultorios rurales y la falta de unidades de radioterapia en las provincias. Para regocijo de sus adversarios, a la tabernaria, el cuartel general -conocedor del tirón- limitó las presencias.

Ilustración

Ilustración PABLO GARCIA

CyL es la región más extensa de España (18,6% de la superficie) con el 57% de sus habitantes (2.400.000) viviendo en un 3,4% de ese territorio. Con una densidad de población alrededor de 25 habitantes por km2 (Madrid tiene de más de 800).

Con la sexta ola de la pandemia viva -en una región con mucha población de avanzada edad- la situación sanitaria no era la más adecuada. No lograron explicar de forma convincente el adelanto electoral por una supuesta deslealtad. Se hizo una lectura triunfalista de las expectativas y la campaña resultó anodina, larga y con ruido de fondo de la política nacional.

Con el telón de fondo de las macrogranjas, los líderes optaron por dar ruedas de prensa en prados o cooperativas vinícolas, proyectando una imagen de la Castilla que se va yendo. La moderna y tecnológica no ha entrado en campaña, cuando resulta que invierte más en Investigación, Desarrollo e Innovación que el conjunto de nuestro país; produce el 22% de la energía renovable de España -un 65% eólica- y tiene 10 centros tecnológicos y 28 festivales de cine, teatro, música o literatura.

La retórica electoral ha estado más centrada en cuestiones que acaparan el debate político nacional -la forzada manicura, instada por Bruselas, de la re-reforma laboral- por delante de los retos regionales, como el futuro del sector del automóvil -cuatro plantas en la región- que ha llegado a producir el 20% de los coches que se fabrican en nuestro país, lo que equivale al 15% de las exportaciones.

En estas elecciones inéditas y volátiles, sin acompañamiento municipal, había dos factores determinantes: la indecisión y la participación. Es posible que la indecisión tenga más que ver con una combinación de abulia, indiferencia, desafección, cansancio, tras 35 años de gobierno monocromo.

La abstención -dos puntos menos que en anteriores comicios supone que cerca de la mitad de los electores con derecho a voto no han acudido a las urnas- no se explica simplemente con la llovizna desmovilizadora. Alguien ha aventurado -para explicar el fenómeno- que, a diferencia de los animales que salen cuando llueve, el castellano se queda en casa.

Los líderes optaron por dar ruedas de prensa en prados, proyectando una imagen de la Castilla que se va yendo. La moderna y tecnológica no ha entrado en campaña, cuando resulta que invierte más en I+D+I que el conjunto del país

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La fuerte bajada del voto por correo -un sorprendente 40% menos respecto a las autonómicas de mayo de 2019- ya encendió alarmas que se vieron reflejadas en la desgana que certificaron las urnas.

Pendientes de los pactos para la formación de un gobierno estable, es hora de que la gente abra los ojos y denuncie lo que resulta inadmisible. Como es el empeño sistemático de poner el Estado al servicio del Ejecutivo, con resultados visibles y lamentables: CIS, Abogacía del Estado y un largo etcétera.

Fernández Mañueco insiste en que quiere gobernar en solitario

Fernández Mañueco insiste en que quiere gobernar en solitario Agencia ATLAS / Foto: EFE

El calendario judicial de los populares no da tregua y pronto veremos circular de nuevo el autobús de la corrupción, por una presunta trapisonda.

El caso ‘La Perla Negra’, en alusión a la película de piratas y para señalarlo como «chiringuito» del Gobierno de CyL, donde colocó a dedo al 60% de los empleados y no se publica oferta de empleo público ni se convocan oposiciones desde el año 2000. Tema incomprensiblemente ausente de la campaña, el sobrecoste considerable que pesa sobre un edificio de la Consejería de Economía obligará al expresidente que, se negaba a viajar a Madrid, tendrá que declarar dentro de un mes en el juzgado.

Los que han ganado las elecciones por los pelos, tendrán que hacer autocrítica. Como recordaba Galeano: «Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores», pero sin olvidar que el líder popular no ha resuelto la guerra con su mayor antagonista. Y como dice un castizo: «Lo que no está bien es lloriquear solo cuando no estás del lado del pescado».

Todo empezó con cuatro palabras destempladas: «Hasta aquí hemos llegado». No sería de extrañar que, a la invitación para hablar del pacto, la respuesta pudiera ser: «Pasa tú, que a mí me da la risa».

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