Estos últimos días, con todo esto de las elecciones en la Comunidad Autónoma de Castilla y León me he acordado de una anécdota que sucedió hace ya unos años en el marco de un Congreso celebrado en Zurich de la Organización Europea de Instituciones Regionales de Control Externo del Sector Público (EURORAI), al que yo asistía como Síndico Mayor de la Sindicatura de Cuentas de las Islas Baleares, junto a otros representantes de regiones europeas.

En un momento dado, en el transcurso de un encuentro entre los asistentes, el grupo de los españoles, entre lo que se encontraba el Presidente del Consejo de Cuentas de Castilla y León y sus homólogos de otras comunidades autónomas, estábamos con otros presidentes de organismos similares de diversos países europeos (alemanes, suizos, franceses, ingleses, etc.). En eso que nos íbamos presentando y al identificarme yo como procedente de Mallorca y de las Islas Baleares, siempre se producía el típico comentario de que el interlocutor había estado aquí de vacaciones o tenía casa en Mallorca o incluso alguna vinculación más directa, de forma que, en definitiva, todo el mundo conocía e identificaba estas islas y ello revelaba su importancia en la Europa actual, por su fuerte componente turístico; ello provocaba una inmediata relación cordial y de confianza entre nosotros.

Cuando le tocaba el turno al representante del Consejo de Cuentas y decía que provenía de un lugar llamado Valladolid, la mayoría de contertulios europeos se preguntaba cuál era su origen, lo cual tampoco les quedaba muy claro si añadía que correspondía a una región denominada Castilla y León; sí, ponían cara de que les sonaba de cuando estudiantes, pero casi ninguno había estado allí y a la mayoría les costaba situarla en un mapa. Ello chocaba mucho al representante castellano, que no se explicaba cómo podía ser que los europeos fueran tan ignorantes.

Ese hecho me hacía pensar que realmente las circunstancias cambian a lo largo de la historia y que hace quinientos o seiscientos años la situación hubiera sido muy distinta, con Castilla en plena pujanza. Pero, ahora, en un mundo cuya maquinaria económica se mueve con el turismo y los desplazamientos, resulta que es mucho más conocida una isla a la que acuden -o acudían- millones de personas cada año, que no una región que fue el centro del mundo en otro tiempo, pero que en la actualidad tiene poca capacidad de influencia exterior.

Me he acordado de esa anécdota cuando ahora estoy viendo y oyendo que se trata a las elecciones regionales a la Junta de Castilla y León como si tuvieran una posición central en la política española e incluso europea, lo cual, sin duda, se aleja mucho de la realidad, como se demostraba en el seno de aquellas reuniones.

Como decían los romanos -y Astérix- o tempora! o mores!