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Diario de Mallorca

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Pilar Ruiz Costa

Una ibicenca fuera de Ibiza

Pilar Ruiz Costa

Y muy

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, el rey Felipe VI, ha defendido desde Puerto Rico —donde ha ido invitado con motivo del 500 aniversario de la fundación de la ciudad de San Juan— el modelo de colonización española en América por haber incorporado a su corona los territorios ‘en situación de igualdad’. «España trajo consigo su lengua, su cultura, su credo. Y con todo ello aportó valores y principios como las bases del Derecho Internacional o la concepción de los Derechos Humanos universales». Horas antes un grupo indigenista destrozaba la estatua de Juan Ponce de León, el primer gobernador de la isla tras la colonización, con el siguiente comunicado:

«Ante la supuesta visita del rey de España, Felipe VI, a Puerto Rico y la escalada de invasores gringos apoderándose de nuestras tierras queremos enviar un mensaje claro: ni reyes, ni gringos invasores; Borikén es nuestro. Juan Ponce de León, quien fuera el primer gobernador impuesto por la tiranía de España hace más de 500 años, representa lo peor».

Se suma así el Estado libre asociado de los Estados Unidos a la creciente ola de monumentos asaltados o directamente retirados en todo el continente americano en lo que algunos ven vandalismo hacia los héroes y otros la exigencia urgente de revisionismo histórico donde no hay espacio para invasores. Solo en 2020, durante las protestas por el asesinato de George Floyd a manos de la policía, cayeron estatuas a Cristóbal Colón en Boston, Miami, Houston o Minnesota. El Capitolio de California anunció la retirada de los monumentos a Colón e Isabel la Católica junto al de Leland Stanford, un magnate esclavista. En Colombia derribaron las estatuas de Colón o Sebastián de Belalcázar ‘El Conquistador’, más conocido allí como ‘El Homicida’. En Bolivia la estatua de Isabel la Católica fue vestida con la ropa tradicional de las mujeres indígenas y pasó a llamarse Plaza de la Chola. Y en México han ido desapareciendo las figuras de Colón; la más significativa, el pedestal en la Avenida de la Reforma en la capital, lo ocupa ahora la figura de una mujer indígena en una reivindicación que abarca de la discriminación histórica a la racial o por sexo. Su presidente, Andrés Manuel López Obrador, en el bicentenario de la independencia, exigió a la Corona y al Vaticano pedir disculpas por los agravios cometidos durante el dominio español. Así lo hizo el Papa Francisco, quien pidió perdón por los «muy dolorosos errores cometidos» por la Iglesia Católica durante la conquista española y llamó a «hacer una relectura del pasado, un proceso de purificación de la memoria» que ayude a «sanar las heridas».

Sin una palabra por parte de la monarquía, quien sí se pronunció en Washington fue Isabel Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, quien criticó el perdón del Papa por «los errores cometidos en la evangelización». «Que un católico que habla español hable así a su vez de un legado como el nuestro, que fue llevar precisamente el español, y a través de las misiones, el catolicismo y, por tanto, la civilización y la —por supuesto— libertad al continente americano». Alertando de una «corriente peligrosa del comunismo a través del indigenismo que es un ataque a España», que pretende «deshacer la historia de España».

También respondió a las peticiones de Obrador el expresidente Aznar, entre las risas del aspirante Pablo Casado: «¡Hombre! Es que si no hubiesen pasado algunas cosas, usted no estaría allí, ni se podría llamar como se llama, ni podría haber sido bautizado, ni podría haberse producido la evangelización de América».

El Holocausto judío dejó entre 5 y 6 millones de muertos. El indígena, tras los primeros cien años de dominio español, 54 millones. El 95% de la población precolombina pereció víctima de asesinatos, de esclavitud o enfermedades importadas —además de las violaciones, torturas y expolio al que se sometió a eso que llamamos América—. Así que parece lícito que haya quien cuestione si fue conquista o invasión, si fue hazaña o barbarie, e incluso, quien reclame que se pida perdón. Pero curiosamente son los mismos que argumentan que «no tenemos ningún motivo para pedir perdón por lo que pasó hace 500 años» los que van a América a demandar gratitud y orgullo a nuestro legado. Los que insisten en recordar cuánto les llevamos y nunca nunca cuánto les arrebatamos. Y aunque todos seamos al fin un poco hijos de víctimas y asesinos; aunque seamos todos herederos de una lengua, reyes y dioses no solicitados… ¿qué nos cuesta pedir perdón?

Y mientras callan, nuestro más legítimo portavoz, tal vez, sea Eduardo Galeano:

«En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el África negra a Portugal, para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica». Por entonces, América tenía quince veces más habitantes que España y el África negra cien veces más que Portugal.

Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.

@otropostdata

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