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Diario de Mallorca

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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Isabel II es más dura que Felipe VI

La católica Familia Real española ya compite en divorcios con sus primos, los anglicanos royals británicos. Las purgas catárticas se imponen en La Zarzuela y Buckingham Palaces, porque el avatar profesional más frecuente entre Reyes consiste en morir destronados en el exilio. Dentro de esta carrera en pos de la eliminación de células tóxicas, se intentará demostrar que Isabel II es más dura que Felipe VI, tal vez en la relación de setenta a siete que mide la duración en años de sus reinados respectivos. Por ejemplo, el monarca español despojó a su hermana y cómplice Cristina de Borbón del título de hojalata de Duquesa de Palma. Sin embargo, en el propio escrito de supresión se encargaba de mantenerle la denominación de «Su Alteza Real». Sin contemplaciones, la «querida tía Lilibeth» le arrancó a su hijo favorito Andrés la consideración de «His Royal Highness», cuando es fácil acordar que no cabe relación más sagrada que la maternofilial.

La nomenclatura es esencial en palacio. Felipe VI convive con un padre que conserva el título de Rey por decisión propia, lo cual genera textos confusos del estilo de «Su Majestad el Rey le comunica a Su Majestad el Rey». El Jefe de Estado tampoco ha logrado que su hermana renunciara a su inaceptable sexta posición en la línea sucesoria. Isabel se encargaba en cambio de aclarar que su hijo y campeón de la guerra de las Malvinas, lo máximo que puede ganar hoy Europa en materia bélica, se defenderá como un civil cualquiera de las acusaciones que lo vinculan a la mafia de pederastia de Jeffrey Epstein.

El castigo no presupone la inocencia de los verdugos regios. Inalterable como el teflón, Isabel II no puede alegar ignorancia sobre la invitación de Andrés de Inglaterra a Epstein, para que se solazara en el palacio veraniego escocés de Balmoral. Es una visita tan improcedente como imaginar que Urdangarin pudiera invitar a Jaume Matas a jugar al pádel en la pista aneja al palacio mallorquín de Marivent, en la génesis de la trama corrupta conjunta. Profesión accidentada la de reinar, que merecería un mayor reconocimiento de los súbditos en cuyo nombre se ejerce.

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