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Diario de Mallorca

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Bernat Jofre

De victoria en victoria hasta la derrota final

Ante todo, decir que quien firma no es seguidor de ningún club profesional isleño. Por tanto, huelga decir que el razonamiento supporter es aquí inexistente. Pero es muy difícil ser ajeno a la casi costumbre que los equipos predilectos de muchos mallorquines y mallorquinas han instaurado últimamente, que no es otra que la de sucumbir ante el peor de los enemigos: la realidad. Ciertamente, la zozobra se ha instalado tanto en el RCD Mallorca y el Bahía San Agustín ( hoy Palmer Palma Bàsquet ) desde hace tiempo. Puede que no sea casualidad que ambas dinámicas sean confluyentes tanto en los orígenes de su actual estado de las cosas como en los resultados: en la actualidad, se trata de los «equipos chollo» de sus respectivas categorías. Para empezar, concuerdan en lo básico: todo club que se precie debe tener un presupuesto adecuado a su categoría: no se puede decir lo mismo del caso en estudio, ambos con una de las partidas más ajustadas de sus respectivas competiciones. Lo que les hace llegar a mitad de temporada con más urgencias que realidades. Iniciando una sinfonía de nuevas contrataciones que nada tienen que ver con el discurso de inicio de Liga. Plantearse el asalto a Primera con una plantilla mayormente pensada para Segunda ha sido la demostración más palpable de la no existencia de liquidez en el club bermellón. Para un verdadero análisis podría ser todo lo que se refiere a la dirección técnica del Visit Mallorca Estadi. De entrada, hará muy bien la institución en cuestionarse seriamente si es coherente llevar adelante un proyecto de Primera con casi el mismo staff técnico que bajó al equipo a Segunda B. En un deporte tan competitivo como el fútbol profesional, el vivir de glorias pretéritas puede ser letal. Pero cuando en torno a los hombres «de confianza» empiezan a revolotear intermediarios de jugadores que ningún compromiso tienen para con el club, se pueden dar situaciones como que el talento joven - Rafel Obrador, sin ir más lejos - no se retiene, a la par que el equipo «b» juega en la categoría más baja de los filiales de la actual Primera División. Alguien debería comunicarlo a la propiedad. Que por cierto está muy lejos, sin saber mucho del deporte rey y con una percepción muy mercantilista del club que posee. Sin seguir el consejo escrito en su día por Warren Buffet, el magnate de Wall Street. Según el cual la manera más segura de no arruinarse es no invertir en negocios que no se entiendan. El Valencia de Peter Lim o el Español del enigmático Chen Yansheng - los dos presuntamente intentando vender sus paquetes de acciones fuera de mercado - podrían no estar tan lejos: el tiempo quitará y dará razones, no lo duden.

El caso del baloncesto es flagrante: se ha pasado del apoyo al jugador joven español a la repesca de viejas glorias europeas. O de proyectos de Sabonis cuyos porcentajes de puntuación son superados por la mayoría de centers de la categoría con muchos menos centímetros de envergadura. No es tan sólo una cuestión de inexperiencia de la plantilla que empezó la LEB: la credibilidad de su cuerpo técnico es la otra pieza sobre la que descansa el actual «status quo» en el Palmer Palma Bàsquet. Estaría bien saber qué tipo de autocrítica ha realizado su «staff» . Mientras, los sufridos aficionados al baloncesto insular se hacen a la idea de que el descenso de categoría es realmente difícil de sortear. No son pocos los que abogan por ello, con una necesaria limpieza en todos los estamentos del histórico club de San Agustín. Desde el vestuario hasta la Junta Directiva. Otra cosa es que así suceda: en el mundo de la canasta, los intereses pueden ser tan ocultos y misteriosos como en el del fútbol. Descorazonador.

Por suerte, y hasta que su rodilla diga «basta», siempre nos quedará Nadal. O el Baleares, cuyo resurgir coincide con una propiedad extranjera (nada nuevo en la isla) pero con una particularidad: es conocedora de los entresijos del deporte donde pone el dinero. En este caso, el balompié. Lección para algunos, casualidad para otros. Y así vamos, de victoria en victoria hasta la derrota final.

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